El Hombre que mató a Liberty Valance (1992)

Dirigida por John Ford

«Cuando la leyenda se hace realidad… escribe sobre la leyenda», sentencia el periodista que entrevista al senador Sttoddard (James Stewart) ante su confidencia de los reales sucesos acaecidos hacia el final de la época del lejano oeste en un pequeño pueblo llamado Shinbone. John Ford rompe la estructura clásica del western y nos relata la historia mediante un impresionante doble flashback, uno dentro de otro, perspectiva caleidoscópica que le otorga al film una profundidad épica que dilucida el origen de la leyenda: quien fue realmente el hombre que mató a Liberty Balance. El uso del blanco y negro en tiempos del color fue una opción deliberada, muy acertada, debido a que la cinta de Ford es un homenaje al western, a momentos de gloria del cine estadounidense que dan paso a nuevos héroes: abogados y políticos que permitirán el desarrollo futuro de los Estados Unidos. La llegada del ferrocarril representa la modernidad (abre y cierra la narración), mientras Ford muestra como un antihéroe al personaje de Tom Doniphon (John Wayne), un vaquero rudo contraparte del malvado Liberty Valance (Lee Marvin) que a toda costa intenta mantener la ley del oeste, el influjo de las armas que aterrorizan a los habitantes del pueblo. Doniphon está enamorado de Hallie (Vera Miles) y, en cierta forma, cree que el advenedizo abogado Ransom Stoddard no podrá vencer a Valance. Nadie duda del valor de Tom, pero resuelve el conflicto traicionando su propio código, cambia el punto de vista de la cámara (notable recurso), Doniphon empuja al abogado a hacerse artífice de los nuevos tiempos, pierde a la mujer que ama entendiendo que su época ya se ha extinguido. Envalentona a Ransom para que construya una historia digna para Hallie, Stoddard atraviesa el umbral y Tom se retira solitario. Tom Doniphon es un personaje contradictorio (antihéroe), valiente y respetuoso, pero capaz de sacrificar su honra con un acto cobarde. Tom se traiciona a sí mismo y sólo el alcohol será su compañero. Aparentemente, el abogado Stoddard es el triunfador, aunque el director cuela su desprecio por los políticos que invadirán el país. El final define a la perfección el temple de los personajes (incluso de los fuera de escena) ocultando, al igual que el periodista, la grandeza (rabia y frustración) de Tom Doniphon. Tom Ford nos ha regalado una despedida del género, moderna en su visión y ejecución, brindándonos un elegante final, emotivo y evocador, mientras el ferrocarril abandona la escena.

 

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