Ciudad de Dios: los niños criminales.

Ciudad de Dios, 2002, Fernando Meirelles.

Anibal Ricci

Sicilia, Little Italy, Miami, Las Vegas, Ford Coppola, Scorsese, De Palma, todo huele a mafia, pero nada comparado a la violencia desplegada en la favela Cidade de Deus. La historia se desarrolla en largos raccontos a los años sesentas y setentas, entre una persecución de gallinas que corren despavoridas por las calles. La historia es similar, primero el ascenso de los traficantes más despiadados, la llegada de la tranquilidad al barrio, luego los excesos y finalmente la caída. Cómo olvidar a personajes tan bien caracterizados como los del Trío Ternura, quienes le pasan un arma a un chico apodado Dadinho, que con los años se transformará en Zé Pequenho, el relevo más joven de los anteriores vendedores de drogas. La voz narradora será la de Buscapé, un chico ajeno a la violencia de las calles, criado entre estos monstruos del hampa. Zé Pequenho será sanguinario y tendrá un amigo de fechorías, Bené, querido por todos los habitantes, quien mantendrá a su camarada dentro de sus casillas. Cuando falte ese catalizador, la tranquilidad desaparecerá del vecindario y surgirá una despiadada guerra entre pandillas. La droga implica descontrol y violencia mientras los asesinatos se vuelven cada vez más brutales. Buscapé ingresará a trabajar en un periódico y casi por accidente sus fotos saldrán en primera plana. En la confusión aparecerán enemigos insospechados que, ante el fuego cruzado, querrán llevar a cabo venganzas personales. Las bandas reclutarán a niños menores de diez años y les pasarán armas. La historia de Ciudad de Dios es acerca de la pérdida de la inocencia, la de niños que no alcanzan a vivir su infancia cuando ya tienen un arma en sus manos. Las nuevas pandillas reemplazarán a las anteriores: mientras más jóvenes sus miembros, más ambiciosos y violentos. Buscapé será testigo de primera fila del fin de los traficantes de su generación y plasmará en fotografías el horror de esa verdadera guerra. Será también espectador de la complicidad de la policía y de la estigmatización de los vecinos, pero guardará esos secretos para convertirse en el fotógrafo Wilson Rodrigues, de los pocos sobrevivientes de esta historia real.

 

Aníbal Ricci Anduaga, Santiago, 1968. Narrador y crítico de cine. Ha publicado “Fear” (2007), “Sin besos en la boca” (2008), “Tan lejos. Tan cerca” (2011), “Meditaciones de los jueves” (2013), “El rincón más lejano” (2013), “Siempre me roban el reloj” (2014), “Reflexiones de la imagen” (2014), “El martirio de los días y las noches” (2015), “El pasado nunca termina de ocurrir” (2015). Realiza crítica de cine en radio El Canelo y comentario de libros en escritores.cl y letrasdechile.cl, además de colaboraciones en la página de la Sociedad de Escritores de Chile. Es encargado de cultura de la revista digital dilemas.cl