Centenario de Eliana Navarro (19 de julio 1920 – 19 de julio 2020)

Su hijo, el filósofo y poeta Miguel Vicuña Navarro, para el 19 de julio de 2020 realizó esta breve selección «en conmemoración y celebración del centenario de su madre Eliana Navarro, gran poeta de nuestras tierras de América, y una gran mujer valiente, generosa, delicada, hospitalaria y fuerte.

HUÉSPED NOCTURNO

¿Vienes de dónde, viento?

¿De los grises barrancos

donde las quilas tejen su maraña?

¿De los oscuros montes, fatigado

de agitar avellanos, maitenes, araucarias?

¿De las lomas abiertas donde el trigo

te cuchichea efímeras palabras?

¿De dónde vienes, huésped adorado,

a detenerte junto a mi ventana?

¡Ah, sí contigo en esta noche

pudiera irme,

en tu carruaje de invisibles alas!

¿Me llevarías por las altas copas

de los pellines, sierra adentro,

por entre los pulidos campanarios

y sus locas agujas extasiadas,

bebedor de rocío, embaucador de juncos,

rondador de balcones, besador de hojarasca?

Entra, divino amigo pendenciero,

Desgarra con tus manos olorosas

estas cortinas rancias,

sube aullando por las escaleras,

estremece las lámparas,

derriba estos retratos amarillos,

en las alfombras baila

y que baile contigo toda la porcelana,

los chales incoloros de mis tatarabuelas,

el reloj lento, lento

y su lenta, lentísima campana.

Con tus manos de duende,

Y con tus pies de duende,

desgarra este silencio,

esta sombra, esta nada.

SALMO

Aquí, junto a esta puerta,

aquí llamo llorando.

Aquí sin cuerpo llego,

perdida de mí misma,

perdida de mis pasos,

de mi voz, de mi alma,

con un sabor de muerte

entre los labios.

Y tú tienes un verbo sin palabras,

una luz cegadora,

una sombra que es áspera,

un hálito de nieve,

un tiempo todo llagas.

Y estoy aquí llamándote,

como la frágil caña

cuya ceniza un soplo desparrama.

VIAJEROS EN LA NOCHE

Resuena sólo el viento.

Resuena sólo el canto del silencio,

con ese ruido sordo de caracol marino

que tiene algo de frío, de misterio.

Aquí, hace mucho tiempo,

una noche estuvimos,

una noche en que ardían lámparas vacilantes

y nos rodeaban máscaras,

pálidas vestes, túnicas marchitas.

Hablábamos de cosas sin sentido

Y envueltos en la música reíamos,

con una risa larga semejante al sollozo.

Sabíamos que fuera

la luna navegaba en un aire nupcial

y la fronda tejía sobre el suelo

arabescos movibles, vagos perfiles de la noche.

Pero nada era nuestro.

Desprendidos del mundo, inmóviles viajeros

hacia un extraño reino desolado,

huyendo, huyendo de nosotros mismos,

las manos prisioneras, caminábamos.