Escritor del Mes

LUIS MERINO REYES, MAESTRO Y COMPAÑERO

Es preciso insistir en la importancia de rescatar del olvido las figuras señeras de nuestros creadores literarios. Así lo ha entendido la SECH. Su categoría de paradigmas es fruto de una larga labor, que ha pasado a integrar eslabones significativos en esta larga e interminable cadena conque podemos metaforizar el anhelo humano de trascender a través de la creación artística, a despecho de quienes creen que la literatura, en este caso, empieza con ellos, desligada de la memoria y la tradición, como si fuese una suerte de invento súbito, atemporal y sin precedentes. Luis Merino Reyes es uno de esos hitos de nuestro quehacer cuya obra debiéramos revalorar, acercándonos a sus numerosos y logrados libros.

El maestro Luis Merino Reyes nació el 12 de febrero de 1912, en Tokio, mientras su padre cumplía funciones de agregado militar, y partió de este mundo el 28 de febrero de 2011, a los noventa y nueve años de edad y prolífica existencia, humana y literaria.

Estudió en el Liceo Alemán de Santiago y luego se integró a la Escuela Militar, siguiendo la tradición de su padre. No obstante, abandonó la incipiente carrera militar en 1933, para entregarse a la literatura y el periodismo. Entre sus dotes artísticas estuvo el dibujo, donde destacó por la sencillez expresiva de sus trazos y líneas, donde se advertía reminiscencia de los rasgos gráficos lorquianos.

Perteneció a una de nuestras más vitales generaciones de escritores, la de 1938, un grupo de mujeres y hombres que superaron el criollismo que les precedía, como corriente literaria, para volcar su acervo creativo a las vicisitudes del hombre concreto, a sus anhelos libertarios y de mejoramiento social, marcados, ideológica e históricamente por los trágicos sucesos de la Guerra Civil Española y los inicios de la II Guerra Mundial.

Fui presentado a él en la Casa del Escritor por el joven poeta Aristóteles España. Hombre serio y a la vez jovial, Luis Merino Reyes derrochó generosidad intelectual con las nuevas generaciones de bisoños escribas, y yo fui acreedor a ese trato amable, pero riguroso en cuanto a orientaciones estéticas. Tuve el honor de recibir el regalo de su amistad, pese a la amplia diferencia de generaciones.

Era un notable conversador, provisto de una oratoria poco común en nuestra república de las letras. Formidable contradictor, fui testigo de cómo dejó sin palabras al entonces presidente de la SECH, su colega periodista, Luis Sánchez Latorre. Al parecer, si no me traiciona la memoria, esto ocurrió en junio o julio de 1983, año crucial para el movimiento libertario que crecía como repudio a la ominosa dictadura de Pinochet y la Derecha atrabiliaria. En las puertas de la Casa del Escritor había tenido lugar una violenta represión policial contra un puñado de corajudos escritores jóvenes, encabezados por Aristóteles España, quien fue brutalmente golpeado por un teniente de carabineros y subordinados. Hubo una propuesta en el directorio para llevar a cabo una manifestación callejera encabezada por sus directores. Filebo se opuso, argumentando que “no era función de los escritores expresarse de esa manera y que, en este caso particular, era exponerse de manera imprudente ante la violenta represión”. En la sesión del lunes siguiente, Luis Merino Reyes irrumpió en la sala del directorio, expresando, de manera tan sólida como elocuente, su crítica a Luis Sánchez Latorre. Éste procuró responder, pero salió, como ya dije, mal parado en aquel entrevero dialéctico.

Luis Merino Reyes exhibe un lugar destacado en la Generación de 1938, como narrador de fuste y también poeta,  junto a Nicomedes Guzmán, Francisco Coloane, Guillermo Atías, Domingo Melfi, Volodia Teitelboim, Sepúlveda Leyuton, Nicasio Tangol, Óscar Castro, Braulio Arenas Mario Ferrero, Gonzalo Drago, Carlos Droguett y Fernando Alegría, entre otros.

Para Merino Reyes, “esta generación fue ensombrecida por los grandes genios de la poesía chilena: Gabriel Mistral, Pablo Neruda, Vicente Huidobro y Pablo de Rokha”. «En este escenario dominado por figuras poéticas tan fuertes, tal vez sin proponérselo en forma explícita, muchos escritores de esa generación derivamos a la prosa, al cuento, y después a la novela» («Humanidad y literatura, entrevista a Luis Merino Reyes». Simpson 7, volumen V, primer semestre, 1994, p 16).

En la entrevista al diario El Mercurio, del 26 de agosto de 1998, Luis Merino Reyes se pronuncia acerca de las características primordiales de su grupo literario de coetáneos:

Esta generación, a diferencia de otras promociones, sintió al país y se pronunció. Era una literatura social, no paternalista» una voz para el pueblo«.

El 19 de febrero de 1999, en reportaje de la revista Punto Final, afirmaba: “Con esta generación salimos del escritor que hace novela desde los corredores del fundo o novela urbana desde los salones. Pienso en Federico Gana, en Pedro Prado, en el propio [Luis] Durand. Aquí por primera vez, con Sepúlveda Leyton, con Nicomedes Guzmán y varios otros, aparece el escritor que viene del pueblo». Bueno, Merino Reyes no procedía de ese estrato social, pero fue un hombre lúcido que tomó conciencia de su circunstancia histórica, optando por los marginados y perseguidos.

Sorprende no encontrar, en la bibliografía al uso sobre esta Generación del 38, ninguna mención a escritoras, ni poetas ni narradoras ni ensayistas, como si no hubiesen existido o carecieran de méritos suficientes para ser consideradas entre sus pares varones. Algunos investigadores, no obstante, incluyen a esa notable escritora llamada María Luis Bombal.

SU OBRA

-En poesía, algunas de sus obras son: Lenguaje del hombre; Latitud; Duermevela de amor; Aurora y final del día.

-En narrativa mayor, destacan sus novelas se encuentran Amor y maleficio (1994) y Episodios crueles (1997). Con su novela Regazo amargo (1955) obtuvo el premio Zig-Zag; con Última llama (1959), el Atenea, y con Áspera brisa (1952) el Premio Municipal de Santiago. Publicó también Lenguaje del hombre (1938), La vida adulta (1962) y Los feroces burgueses (1964), entre otros libros. También describió la escena literaria chilena en títulos como Epitafios y laureles (1994) y Escritores chilenos de ayer y de hoy (1997).

De la página web informativa de LOM extraemos este certero apunte:

“LOM ediciones publicó en 1997 la novela Los Feroces Burgueses, donde el autor nos entrega una novela de crítica social, que rescata la sensibilidad de una época de grandes cambios en la sociedad chilena. Mas tarde, en 2002, fue el turno de Ramo de Ortigas y otros cuentos, publicación que es una especie de antítesis del realismo mágico, donde Merino Reyes trabaja con personajes e historias perfectamente normales, en donde la verdad y la belleza se encuentran inmediatas, presentadas con pulcritud y sencillez de recursos. Es la ficción del artista de Goethe, enfrentada a la verdad, en la muy bien elegida cita que da inicio a estos verdaderos documentos de lo cotidiano”.

-Como cuentista, aportó con excelentes narraciones breves:

Los egoístas (1941)

Muro de cal (1946)

El chiquillo blanco (1948)

Murcila y otros cuentos (1953) – Premio Municipal de Santiago

Matriarcado (1965)

Las hadas y los diablos (1968)

El alba y su dueño (1971)

-También destacan sus ensayos literarios:

Rumbo a Oceanía (1955)

Panorama de la literatura chilena (1959)

Perfil humano de la literatura chilena (1967)

Epitafios y laureales (1994)

Escritores chilenos de ayer y de hoy (1997)

De la interesante revista virtual Letralia, Año XV, número 248, del 7 de marzo de 2011, editada a una semana de su fallecimiento, extraemos un puñado de opiniones de su hijo, el músico Luis Merino Montero, quien nos dice de su padre:

Llegaba a las 9 de la noche y escribía hasta las 5 de la mañana. Porque su vocación literaria nunca se doblegó. Cuando le dije que quería estudiar música me dijo: ‘Yo nunca pude dedicarme como hubiera querido a la literatura, así que usted tiene todo mi apoyo’”.

Esta breve cita refleja de cuerpo entero al gran escritor, quien hubo de trabajar en los más diversos oficios para sustentar a su familia, confirmando, una vez más, que el oficio de las letras, en este Chile cada vez más mercantilizado y materialista, no permite proveer la subsistencia ni menos procurar al creador o a la creadora el tiempo necesario para la dedicación total el oficio.

El compañero Luis Merino Reyes, en su opción por la causa de las reivindicaciones sociales y los cambios revolucionarios, adhirió al gobierno del socialista Salvador Allende y se comprometió en el proceso de dignificación histórica, al igual que lo hicieran otros ilustres creadores de nuestra patria, como Pablo Neruda, Efraín Barquero y Jorge Teillier.

En este verano de amenazas pandémicas y de rumores de guerra, abramos alguno de sus libros y disfrutemos su prosa directa y atrayente. No habrá desperdicio, como dijera el propio maestro Merino Reyes, recomendándonos a los grandes autores de la literatura rusa y latinoamericana.

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Edmundo Moure

Enero 30, 2021

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