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Encerrar y vigilar, escrituras bajo amenaza

Marciano Ediciones, noviembre 2020 / Selección, edición y notas

Alberto Moreno & Samuel Ibarra

Descargable: www.poesias.cl

Resulta muy difícil reconocer que asistimos a una saturación de la realidad. Y que dicha saturación ha sido llevada a niveles extremos, donde un más allá inconcebible se ha hecho hiperreal ante nuestros ojos… aceptar al fin, irrefutablemente, que se ha extraviado la cordura del sistema que rige nuestra vida.

Se han rasgado todas las vestiduras, no hay teoría ni método que se sostenga en pie; ciencia, religión y política quedaron relegadas a meras observancias ante el avance fulminante del nuevo apocalipsis. Esto ha ocurrido durante el año en curso y no parece que vaya a detenerse. Muertes masivas en los más alejados rincones del mundo, fosas comunes y cementerios desbordados,

hospitales ocupados al límite, pánico colectivo, terror a nivel local y mundial, nos anunciaban —online las 24horas— el fin de los tiempos, por la acción mutante de un virus asesino que recorre el orbe, y se transmite de boca en boca y de mano en mano.

Así llegamos a un estado de cosas —donde las grandes mayorías— quedaron esta vez por completo silenciosas. Y vino el encierro. Y el toque de queda, la prohibición de reunirse, la prohibición de caminar por las calles, la prohibición de abrazar o darse la mano, y todo eso, con la boca tapada. Todo el día, a toda hora y en todo lugar. En cosa de semanas, nos transformamos en posibles agentes patógenos, que causarían una muerte segura, y por tanto en seres indeseables y peligrosos a ojos del otro ser humano. Aquello que por años se leyó en los ensayos y textos académicos —el terror biopolítico— desde la comodidad de las salas de clases, en amables seminarios y pasillos de la Academia, un día se torna real, y se instala así el gobierno del miedo y la incertidumbre en la vida cotidiana; una extendida restricción de los desplazamientos, y la agenda es copada por los nuevos “expertos” en ciencia y medicina, que no entregan solución alguna, pero en cambio transmiten temor 24 horas al día. Tampoco faltaron los déspotas mal ilustrados, que sin vergüenza proponían “hibernar la Región Metropolitana”, ignorando el hacinamiento

diario de sus habitantes, y la ausencia de los mínimos vitales.

Curiosamente, se declara cuarentena universal, se debe encerrar a viejos y niños, cerrar colegios y guarderías, clausurar hogares de ancianos y hasta prohibir la asistencia a funerales, todo ello para “protegernos de la pandemia”. ¿Curioso, no? Porque los bancos, las notarías, las farmacias y los supermercados están autorizados para funcionar, y se ven repletos de la mañana hasta la noche, y aunque la gente vaya a esos lugares asustada y con mascarilla, muy obediente, nunca deja de comprar y pagar. (Pareciera que el pagar y el comprar son operaciones inmunes a la muerte).

Entonces, en medio del caos y con la humanidad en estado de shock, un grupo de señores dueños del dinero, olfatean sangre y temor, y nuevamente, hacen su mejor negocio. Estado de Excepción Constitucional. Todo un año bajo toque de queda con militares en las calles ¿Para qué, por qué? Aún no lo sabemos, y dicen que es mejor no preguntar, que “los expertos” saben lo que hacen y dicen, “mejor quedarse callado” no mover más el avispero. Pero como esto se ve mal y huele mal, algunos pensamos y sentimos que se ha provocado un retroceso en la vida, un retroceso en las libertades humanas, y estamos aquí para decir que NO. Y hemos compuesto este libro de poesía, reflexiones, aforismos, dibujo y pintura, fotografía y performance, para decir que no aceptamos más el discurso del miedo, del atropello y del silencio, como única respuesta a un problema de salud pública.

En este escenario, el ostracismo, el relegamiento arbitrario y las diferentes formas de asedio a las libertades civiles, abrieron también un espacio impensado a la soledad y la reflexión. Y luego sentimos que estaba bien reunir esas soledades múltiples y dispersas. Y henos aquí congregados y diversos en esta obra colectiva, hecha para sentir, para ofrecer nuestro trabajo, nuestro empeño en la vida. Porque queremos seguir en el juego. Esta es nuestra respuesta ante quienes pretenden que no cuestionemos nada. Pero eso es imposible.

Porque nada de lo que digamos en silencio alcanza para explicar lo vivido estos meses de asombro y dolor. Por eso reunimos muchas voces. Para probar una suerte, un intento de saltar al otro lado. Sacarnos la mordaza y volver a respirar.

Alberto Moreno, noviembre 2020.

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