VIRUS TERRATENIENTE

Crónica de Reynaldo Lacámara

1891. La revolución. Esta tuvo más de ocho mil muertos o asesinados, por las vengativas hordas anti-balmacedistas coordinadas bajo las directrices del Partido Conservador. Se constituyó en una  de las mayores razias que se ha efectuado en nuestro país. Una de sus derivadas, más trágicas,  fue el suicidio del Presidente en un acto de dignidad mayor.

Antes de eso Chile se organizaba en diversos bandos que iban desde los conservadores duros, hasta los liberales progresistas. Las organizaciones campesinas aún no se asomaban en la historia y el trabajo fabril industrial recién despuntaba. Se asomaban tímidas y casi sin influencia política las primeras mutuales. Es decir convivían diversos discursos, con etapas más o menos tirantes, pero permitían que la institucionalidad funcionara y mantuviera ese diálogo relativo que ofrecía, de vez en cuando, algunos frutos.

En ese período, que va desde los años inmediatos y posteriores a la independencia, hasta la sublevación ya mentada, se sucedieron determinaciones que buscaban ampliar el conocimiento geográfico, botánico, minero y arquitectónico, vinculadas con una incipiente proyección de futuro.  Se buscaba despejar el horizonte, en relación a dónde se encontraban las riquezas del país. De este modo se podrían dirigir las inversiones y encaminar el mundo del trabajo, en consideración al escaso capital circulante.

Se contrataron científicos, arquitectos, algunos artistas y profesionales destacados europeos y americanos,  como Don Andrés Bello, Claudio Gay, Ignacio Domeyko, Rodulfo Philippi, Amado Pissis entre muchos otros.

Debemos considerar  que en este período, también se desarrolló la llamada Guerra del Pacífico.  Con su  importante componente económico, tanto en su origen como en sus consecuencias. No pretendo profundizar en los motivos de esta guerra o si se puede estar de acuerdo o no con ella. El resultado objetivo fue que Chile quedó en posesión de un territorio extremadamente rico en sulfatos y otros minerales. Recordaremos que una vez vencida la oposición inicial a la guerra, esta se libró con el apoyo de la mayoría de la población y de todos los sectores políticos existentes los que incluían a los liberales más progresistas de aquel entonces.

En conclusión, para decirlo en forma directa, cuando la mesa estuvo servida, con exhaustivos  catastros  geológicos y botánicos, con ingentes y frescos recursos económicos, explotó esta sublevación de la armada, con argumentaciones que aún resultan dudosas. Su resultado fue dejar con absoluta potestad sobre todos los recursos existentes a la línea más conservadora del país. En esa revolución y toma absoluta del poder hay añosos apellidos involucrados en el bando usurpador como, Edwards, Matte y otros.

Durante los cuarenta años que siguieron a este suceso no se volvieron a dar en el país nombres de pensadores o políticos a la altura del propio Andrés Bello, Francisco Bilbao, José Victorino Lastarria, Santiago Arcos o Vicuña Mackenna,  entre otros.

Este grupo golpista, de origen terrateniente, estableció desde entonces todo el poder que se manifestó en la institucionalidad orgánica del país, en la relación de fuerza militar, en el dominio territorial y administrativo y además, se propagó como forma cultural a través de cierta religiosidad, formas educativas y expresiones de medios de comunicación, especialmente la prensa escrita.

1973. Se convertiría en un año de catástrofe  nacional y dolorosa memoria hasta el presente. El gobierno de Salvador Allende caía…  el telón de fondo era la Casa de los Presidentes bombardeada y envuelta en llamas. Conocemos bien todos los estragos físicos y las atrocidades que se desencadenaron.  Las secuelas mentales y culturales, aún no cesan ni se determinan en su totalidad. El gobierno de la Unidad Popular se había constituido con un fuerte apoyo de la clase media que ya había tenido una experiencia  de gobierno bajo el mandato de Don Pedro Aguirre Cerda, y además con la clase trabajadora organizada a través de los partidos populares. Aquel mediodía de septiembre, nuevamente un Presidente se suicidaba en un acto de dignidad y consecuencia.  Nuevamente, los mismos añosos apellidos estaban involucrados en la tragedia.

2019. Octubre, mes de  insurrección popular que cubrió todo el territorio. Una ola incontenible y propositiva, repleta de indignación y solidaridad se toma las calles de las grandes urbes, ciudades provinciales, campos y lugares de trabajo. No hay un conductor en particular. El pueblo en forma espontanea decide actuar. La principal imagen combativa (el icono de rebeldía), es un animal… un perro callejero ( Matapaco lo apodaron), símbolo de lealtad, lucha y ternura.

Es poco probable que este virus, llamado COVID,  que hoy enfrenta la raza humana, contenga en si mismo una definición política. Parece no haber salido de algún laboratorio, más bien podría ser producto del deterioro de la naturaleza abusada por los medios de producción del mismo “homo sapiens”, ya ni siquiera satisfecho del propio abuso del hombre por el hombre.

 En este claro obscuro avanzan los proyectos de reposicionamiento de los bárbaros de siempre, y sus secuaces… Compra de nuevos  “guanacos”  y  “zorrillos”, relucientes cámaras de observación y vigilancia que cubren cada puno de las grandes ciudades, investigaciones a través del Sename , proyectos para crear una Constitución en cuyo proceso la gente no decida, y sobre todo una campaña comunicacional que apunta a culpar al propio habitante ante el aumento de los contagios. Arrogándose como “error comunicacional” las campañas intencionadas y a mi juicio siniestras, emprendidas por el gobierno, como por ejemplo cerrar las playas mientras se incentiva la apertura de Malls y se incentiva el consumo que favorece a los mismos de siempre, a través de frases ambivalentes e hipócritas, en la misma línea performática de aquel ex ministro, cuando nos hacía presente que los pobres llegaban a los consultorios de salud, casi de madrugada…”porque les gusta hacer vida social”.

2020. 8 de marzo. Cientos de miles de personas, millones, en su inmensa mayoría mujeres, protagonizan la que algunos han llamado la mayor marcha que se haya efectuado en Chile. Ellas luchan por los derechos que una clase privilegeada les usurpa a través del machismo impuesto por la hegemonía cultural. Los movimientos ecologistas suman cada vez mayores cantidades de adherentes ante la evidencia visual y científica, con datos abrumadores que manifiestan la destrucción de la naturaleza y sus especies.

En este marco aún se escuchan los ecos de las consignas y gritos de las manifestaciones y sus cacerolazos entre ladridos y sirenas de carros policiales. La injusticia permanece, pero por sobre ella existe inalterable la fidelidad de un pueblo con su historia,  con sus dos Presidentes que cayeron luchando por sus derechos. Y perdura la fidelidad de un pueblo consigo mismo, con la triste vejez de sus familiares, expuestos a jubilaciones miserables, a precios de remedios inalcanzables, la fidelidad con sus vecinos y amigos que deben atravesar las ciudades pagando altos precios de locomoción, pagando altas tarifas eléctricas y de agua, sujetos por salarios mínimos paupérrimos, mientras la riqueza fluye a raudales a los mismos bolsillos de siempre,  los mismos de 1891.

Todo esto constituye un aire limpio que “más temprano que tarde” despejara tal vez para siempre las bombas de humo.

Hoy y cada día un mayor número de gente deja de escuchar estos cantos de sirena que emanan desde las viejas estructuras… y se organiza, acabo de escuchar que las protestas comienzan nuevamente en algunas comunas…..la gente, otra vez en las calles, con la misma dignidad y porfía que les ha hecho entender que el destino se juega y construye cada día. Tal vez sea ésta la oportunidad en que el ciudadano soberano… el pueblo, por primera vez, se gobierne a si mismo.