TRAIN TO BUSAN

Los mercados asiáticos se desploman y un corredor de bolsa vende todas sus acciones. No le interesan las empresas ni sus eventuales responsabilidades. Su hija está de cumpleaños y debe llevarla a la ciudad de Busan para que visite a su ex esposa. La estación de partida supone un descanso, también la explicación moral de una nueva amenaza global. Los travellings dan cuenta del origen de un viaje, resumen del estado actual de la humanidad. La amenaza zombie recién infecta el tren en el minuto quince. Personajes arquetípicos (excelente casting) dan cuenta de unos seres humanos egoístas sólo interesados en salvar sus pellejos. El viaje simboliza la conversión del padre y cierta esperanza de futuro. Los zombies invaden los vagones y el director matiza diálogos humorísticos, escenas violentas y momentos emotivos protagonizados por la hija del broker, termómetro emocional de la cinta. Hay clímax sucesivos, el espectador cree que el infierno ha pasado, pero lo peor del ser humano sigue dándole metraje a esta película muy bien filmada. El origen del caos provino de una empresa de biotecnología, pero la sociedad de mercado no se hace cargo, simplemente se deshace de los papeles bursátiles para salvaguardarse de las pérdidas. Película muy sintonizada en su crítica social con «La noche de los muertos vivientes» (1968) de George Romero, pero el surcoreano Yeon Sang-ho le imprime una velocidad asfixiante a este viaje sin retornos.

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