SEMBLANZA MARÍA LUISA BOMBAL

Julieta Salinas Apablaza, presidenta Filial Aconcagua

Quizás sean pocos quienes pasen por este mundo sin algo que les conmueva, les inquiete e incluso obsesione; aquello que es fuente de satisfacciones en los momentos venideros, y en lo opuesto, como un espectro que acecha. Y no es un secreto que el oficio de escritor suele ser una exorcización de estos espectros, a través de las letras.

Basta leer La última niebla, La amortajada o El árbol, y aproximarse a la biografía de María Luisa Bombal para advertir que uno de sus espectros fue la desdicha del amor. No obstante, su grandeza como escritora radica no en el tema que motivaba sus escritos, sino en cómo lo plasmó. Rompiendo con las tendencias narrativas realista y naturalista que dominaban la escena nacional en aquella época, se constituyó como una de las pocas autoras de primera mitad del siglo XX, de narrativa surrealista, que como tal, entrelaza el mundo onírico e imaginado con la realidad.

En sus novelas se advierte además el conocimiento que Bombal poseía sobre el alma humana, mostrando en sus personajes la dualidad de sentires, no esperados, no siempre correctos, pero, humanos.

Carrera literaria

En 1933 es invitada por Pablo Neruda, a Argentina, donde se radicó y formó parte del movimiento intelectual de la época, sitial reservado casi exclusivamente para hombres. Dos años después publica La última niebla y a los tres años siguientes, la Amortajada. No le interesó congraciarse con lo que la moral tradicional de la época esperaba de una pluma femenina, tampoco influyó en ella su educación en un colegio de monjas, atreviéndose a plasmar en su narrativa la belleza de la sensualidad y sexualidad femenina y poner en el tapete, algo que esos años, era menos correcto aún, la necesidad sexual femenina.

Autora de cuentos, obras teatrales y de otras novelas. Podemos apreciar parte de su obra a través de una publicación póstuma.

Validación externa

Nos pesa que María Luisa Bombal no fuese reconocida con el máximo galardón nacional para un escritor. Sin embargo, sus méritos obtuvieron reconocimiento en vida: en 1976 obtuvo el Premio Academia por su buen uso del castellano, en 1978 recibió el premio Joaquín Edwards Bello, otorgado a los valores literarios de la Quinta Región, dos años antes de su muerte se le concede una pensión de gracia, y quizás un no tan conocido merecimiento, pero de gran importancia, en 1947 la Paramount Pictures le compró los derechos de su obra House of Mist, en ciento veinticinco mil dólares, para realizar una película que si bien nunca se llevó a cabo, la consagró como la primera escritora chilena -y una de muy pocas- cuyo argumento motivó a la industria del cine norteamericano.