PREMIO NACIONAL DE LITERATURA: 46 AÑOS DE ESPERA PARA RECUPERAR SU ANUALIDAD

Ximena Troncoso

En la casi víspera de que se dirima el Premio Nacional de Literatura 2020, mucho se ha dicho por las RRSS; asociaciones de autoras feministas, agrupaciones literarias y la SECH han hecho declaraciones públicas que reiterar la deuda con el sector más simbólico de las artes y la cultura, las y los escritores de Chile; se han levantado campañas, debates – todos válidos -, necesarios que vuelven con mayor intensidad cada dos años, cuando toca la entrega del Premio, pero lo que no se ha dicho, es que en agosto, se cumplen 10 años desde que iniciamos la campaña para recuperar su anualidad, dando énfasis en las proyecciones que tal restablecimiento significa para el contexto nacional en la cultura y la educación, además de recuperar un derecho que ha sido vulnerado desde el año 1974, muy sensible para el mundo literario y sus cultores.

Vienen a mi memoria las palabras de Gabriela Mistral: “Lo que el alma hace por su cuerpo es lo que el artista hace por su pueblo”, una máxima usada para más de un discurso político y que en la práctica, no asume la autoridad, como parte vital del desarrollo cultural y social de los pueblos.

46 años de espera y una década desde que iniciamos la campaña para recuperar la anualidad del Premio Nacional de Literatura desde la Sociedad de Escritores de Chile, el 18 de agosto del año 2010. Usamos como lema «Para celebrarlo todos los años», y tal enunciado era una invitación a disfrutarlo no sólo en el medio cultural, sino como país, que invitaba a dotarlo de una fiesta nacional, al menos así lo imaginábamos con un mundo de posibilidades. Una oportunidad de traspasar la obra, la vida, la experiencia creativa y frenar esa ignorancia por desconocimiento y falta de oportunidades en el acceso a la cultura. Así, los últimos avances concretos para recuperar la anualidad del Premio, se remontan al 2011, año en que se votó, a favor de los escritores, en la Cámara de Diputados de Chile, dos puntos: La recuperación de su anualidad, como el asiento de la SECH en el jurado, ambos derechos conculcados que merecen más de alguna explicación, ante las posteriores modificaciones a la ley que los otorga, ya en democracia, la penúltima, el año 1992, siendo Ricardo Lagos, Ministro de Educación. En esos años hicieron también su protesta Jaime Quezada y Ramón Díaz Eterovic, presidentes de la institución gremial, como se recoge a través de Referencias Críticas.

Cómo se tejió el apoyo de la Cámara de Diputados.

Con 55 votos a favor y 2 abstenciones, la Sala de la Cámara de Diputados aprobó el Proyecto de Acuerdo 441, que solicita al Presidente de la República, en ese momento Gobierno de Sebastián Piñera, el envío de un proyecto de ley que modifique la normativa sobre otorgamiento de los premios nacionales, restableciendo la anualidad que poseían antes de 1974 y reincorporando a la SECh al jurado que dirime el Premio Nacional de Literatura (Sesión Ordinaria N° 96, Legislatura Ordinaria número 359) y que se vota los días 13 y 18 de octubre de 2011, esta última, fecha en que se aprobó el proyecto nacido de una moción.

Llegar a esta instancia, créanme que no fue nada fácil y tal hecho fue posible gracias a la fuerte campaña que se concreta el año 2010, como dije, después de a lo menos tres años de gestiones previas, golpeando puertas con la mejor cara, siempre desde la Sech, por esos años encabezada, del 2006 a 2012, por su presidente, el poeta Reynaldo Lacámara Calaf, demanda amplia que contó con apoyo amplio expresado en cientos de firmas de escritores/as, personalidades e instituciones culturales, sindicatos, gremios. Inclusive desde el extranjero, los poetas Ernesto Cardenal y Alfredo Fressia, defendieron el petitorio. No es un secreto que la convocatoria entusiasta da frutos e ilumina los espacios donde el arte se congrega – hoy online -, andamos felices por las calles, nos sonreímos y abrazamos, sumando voluntades. Esa experiencia resulta única y forma parte de nuestra memoria, siendo una suerte de posta rescatarla.

Fueron meses de investigación, recopilar antecedentes, estudiar todos los cambios en la ley, fundamentar, darle un nuevo propósito. Mucho ayudaron desde la Biblioteca del Congreso, cada movimiento estuvo de la mano de grandes y solidarios escritores, tales como Virginia Vidal, Poli Délano, Camilo Marks, Jaime Quezada, Delia Domínguez y muchas manos, ojos, palabra, correcciones, convencimiento. El poeta Boris Durán y el ex presidente de la Sech, Víctor Sáez, también fueron personas claves que aportaron con trabajo y gestión, sin rendirse. Por mi parte, muchas noches frente al computador, intrusa en archivos, para el desarrollo de esta defensa. Debo decir que el valor y gusto por la investigación me lo inculcó la tremenda escritora que fue Virginia Vidal, que también se suma a los otros tantos que nos han dejado, sin recibir este galardón y cuya obra mereció ser reconocida y valorada a través de este galardón.

Después de realizar varias tratativas previas, reunión con la Comisión de Cultura, meses de trabajo y creatividad puesta en acción, la campaña, fue apoyada por el entonces diputado Felipe Harboe. Así la moción es adherida por parlamentarios de diversos sectores (colores) y se presenta el Proyecto de acuerdo Nº 441 a votación de sala, que en su parte dispositiva señala: “Solicitar a S.E. el Presidente de la República el envío de un proyecto de ley que modifique la normativa sobre otorgamiento de Premios Nacionales, restableciendo la anualidad que poseían antes de 1974, y restableciendo, además, el derecho de la Sociedad de Escritores de Chile a formar parte del jurado que dirime el otorgamiento del Premio Nacional de Literatura ..”

Viví con emoción ese momento, al escuchar la presentación y defensa que hizo el entonces diputado Harboe y Lautaro Carmona, y cuando por fin el presidente de la Cámara, Melero, dice: ¡Se aprueba! el Proyecto de Acuerdo.

La omisión de los gobiernos al formar el Ministerio de las Culturas.

Hay un tremendo escalón ganado y es mi convencimiento, después de haber vivido todo este proceso, que desde ahí hay que continuar con tesón y unidad, reconociendo lo realizado previamente, cada paso, desde que se creó. No hay otra receta. Es bello recorrer la historia literaria de nuestro país, con sus luchas, desencantos y logros, es esperanzador ver la motivación que se expresa en verdaderas redes de petitorios, firmes, alzando la voz.

El proyecto de acuerdo fue votado a favor de los creadores y ejecutado ese trámite legislativo, es al Presidente de la República a quien le corresponde enviar el proyecto de cambio en la ley, claro, si es que tiene la voluntad política de hacerlo. La pregunta que cae en lo obvio es ¿Por qué El Ejecutivo no hizo nada, en ese momento, ni después? Por qué se mantiene en la ignorancia tal logro sensible y concreto, y la respuesta que se asoma es que la estructura del poder se camufla como el Coronavirus.

Pues bien, eso es lo que ocurrió, en el marco del proceso legislativo de la ley 21.045, promulgada el 13 de noviembre de 2017 que creó el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, fíjese que también se modifica la Ley 19.169 de otorgamiento de los Premios Nacionales y dicho en jerga popular, pasó piola. En su discusión, nada se dice de recuperar la anualidad, siendo, sin duda, la ocasión, no obstante, se desconocen los avances logrados por la SECH, pero se aumenta el jurado del Premio a siete integrantes, de los cuales dos serán designados por la máxima autoridad del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio – y con ello se entrega parte importante de la decisión, al gobierno de turno – (sin considerar tampoco al Consejo del Libro), surgiendo la figura de «especialistas en la materia», que se celebra ampliamente.

Capítulo interesante es revisar la defensa que hace el rector de la Universidad de Chile, Ennio Vivaldi, para mantener el cupo de la casa de estudios en el jurado y lo logra. Así queda incorporado al artículo 44 (de la Ley 21.045), un artículo 9 bis que define: «Los Premios referidos en los artículos 2 y 7 se otorgarán por jurados que, en todos los casos, estarán compuestos por el Ministro de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, el Rector de la Universidad de Chile y el último galardonado con el respectivo Premio Nacional. Integrarán además los jurados, según el Premio de que se trate, las siguientes personas: a) Literatura: un representante de la Academia Chilena de la Lengua, un académico designado por el Consejo de Rectores y dos autores destacados de la literatura chilena, sean éstos escritores, poetas o poetisas o ensayistas, designados por el Consejo Nacional de las Culturas, las Artes y el Patrimonio». No lucía tan mal, quién podría oponerse a ello en la Comisión del Senado, y no se objeta la representación de quien designa, Ministro o Ministra.

En vez de darle su sitio a la Sociedad de Escritores de Chile y con ello, reconocer su historia y aporte a la cultura nacional y justamente al origen del Premio que nace justamente desde su institucionalidad, no se aborda la mayor demanda de los literatos que es recuperar su anualidad y el debate parece centrarse en la pertinencia o no de que la Universidad de Chile mantenga el cupo en el Jurado.

Así es como seguimos desde el año 1974 con una estructura penosa, mezquina y excluyente que obliga a los escritores y escritoras a postularse a través de una ficha, a competir, levantando campañas, listas de apoyo, como si se tratase de un concurso literario o el Premio Altazor, hablamos de “nominados”. Si bien, tales gestiones, contribuyen a hacer una difusión de obra de autores y autoras, no aporta en dar una mayor relevancia al galardón, no se llega a la comunidad en su conjunto, nuestro pueblo continúa sin conocer a sus creadores, no los lee, no salen en TVN o en TV Educar, ni Metro TV, no los visualiza. Falta creatividad, voluntad política o sistemáticamente se nos rehúye por el poder que representa la palabra, condenados a la ignominia, que no le permite al pueblo el acceso, libre y cotidiano, a sus creadores.