La SECH y la Sociedad Médica de Valparaíso intentaron que Freud se estableciera en Chile

 

En los registros de una publicación de la Universidad de Chile aparece el extracto de la respuesta oficial que envió su entonces vicerrector al presidente de la SECH.

Junio 2017.- Tras declararse la Segunda Guerra Mundial en Europa y que la Alemania Nazi se anexara Austria en 1938, en los registros de la Universidad de Chile quedó constancia de los esfuerzos realizados por la Sociedad de Escritores de Chile (SECH) y por la Sociedad Médica de Valparaíso para lograr que la Casa de Estudios apoyara al padre del psicoanálisis, el doctor Sigmund Freud para establecerse en Chile, ante la persecución que comenzó a sufrir en Viena, dado su origen judío.

Así se consigna en el documento donde figura un extracto de la respuesta a la misiva que solicitaba el auspicio financiero a la institución académica para lograr que esta figura hegemónica dentro de la psiquiatría y neurología pudiera pasar sus últimos días en nuestro país, cuando además ya estaba aquejado por un cáncer de paladar, que le había sido diagnosticado en 1923.

En la respuesta firmada por el entonces vicerrector de la universidad, Jorge Alessandri R., se consigna que “la Corporación concuerda con las dos instituciones nombradas en la apreciación elogiosa que el voto en referencia hace de la personalidad eminente dentro del campo de la ciencia contemporánea del profesor Freud, y lamenta no encontrarse financieramente en condiciones de invitar al fundador del psicoanálisis a establecerse en Chile por el resto de sus días, en conformidad a los deseos de la Sociedad de su presidencia, que Ud. ha puesto en conocimiento de esta rectoría”.

La misiva fue dirigida al escritor, novelista y cronista chileno Alberto Romero, en ese entonces presidente de la SECH, quien tuvo una gran importancia en la vida intelectual y cultural de nuestro país. Como presidente de la SECH es recordado por haber organizado la primera Feria Nacional del Libro, que se realizó en la antigua Alameda de las Delicias durante 1940, y por haber gestionado la creación del Premio Nacional de Literatura, que finalmente se concretó en 1942, ocasión en que se le otorgó a Augusto D’Halmar. Paradójicamente, el premio nunca le fue concedido, a pesar de haber sido uno de sus primeros candidatos.

 

Freud y los chilenos

La estrecha relación del brillante psiquiatra austriaco judío fue abordada en el libro ‘Freud y los Chilenos’, del escritor Mariano Ruperthuz Honorato y publicado por “Pólvora Editorial” (2015).

Según la reseña de la obra publicada en radioudechile.cl, “la primera aproximación a Sigmund Freud la tuvo el médico chileno Germán Greve Schlegel en 1894 cuando coincidió con el psiquiatra en un congreso en Europa. En ese contexto, el médico –quien vivió cinco años en el viejo continente para aprender sobre manicomios- conoció la teoría psicoanálitica de boca del propio Freud, quien admitió su contribución en dos escritos suyos. El libro da cuenta de este hecho a través de una fotografía que por primera vez se muestra, y que pertenece al catálogo del Museo Sigmund Freud de Londres. Posteriormente, en 1910, Germán Greve sería uno de los primeros latinoamericanos en hablar sobre las temáticas planteadas por el psiquiatra europeo en un congreso celebrado en Buenos Aires”.

Pero la historia de ‘Freud y los Chilenos’ también “involucra otros personajes que escapan al mundo médico, como el notable Juez de Menores de Santiago, Samuel Gajardo Contreras quien se hizo conocido como el “juez psicoanalista”. Gajardo toma la obra de Freud para ir perfilando y redefiniendo su labor, buscando con ello el papel del inconsciente en los crímenes”.

Así también se consigna que otro de los hallazgos importantes de esa investigación “es el rol que tuvo Pablo Neruda en la invitación que extendió a Sigmund Freud para darle asilo político en Chile en 1938, tras las amenazas de los nazis. En este sentido, se rescata cómo Freud fue un personaje socialmente reconocido a nivel nacional y cómo medios tales como “Revista “Zig-Zag”, “El Mercurio” y muchas editoriales locales, como por ejemplo ‘Ercilla y Cultura’, se esforzaron por llevar las ideas del vienés para que los chilenos se pudieran ‘conocer mejor a sí mismos’ y con ello ‘dominar el demonio interior’ que todos tenían: el inconsciente”.