5 de octubre de 1988. El plebiscito. La campaña del NO. Nace el Café del Biógrafo.

Por Sergio Trabucco

Un día como hoy, se realizó el Plebiscito Nacional. Según lo establecido por la nueva Constitución Política, en 1988 debía efectuarse un plebiscito para aprobar o rechazar el candidato que las Fuerzas Armadas propusieran para un nuevo período presidencial (1989-1997). Designado Pinochet como candidato del SÍ, el plebiscito fue fijado para el 5 de octubre.

Entonces debíamos decidir si el dictador seguiría en el poder hasta el 11 de marzo de 1997.

Ese día salieron 7.251.933 millones de chilenas y chilenos a votar solo se abstuvieron el 2.47 % votantes.

El resultado fue de 44,01 % por el «Sí» y de 55,99 % por el «No».

Que importante sería que este 25 de octubre también fueran millones a votar.

Para que llegara esa fecha habían pasado muchas cosas, se derrotaba a una Dictadura atroz, que había dejado tortura, muerte y desapariciones forzadas de muchos ciudadanos y ciudadanas jóvenes que nunca hemos olvidado.

Los cineastas como tantos otros protagonistas de la Cultura, en esa lucha habíamos hecho nuestro aporte de muchas maneras, no solo con obras y también con la vida de jóvenes que la entregaron por la libertad.

“Todo cine es político”, fue el concepto que acuñamos en los sesenta, cuando se acusaba a nuestro cine como tal, Nada es inocuo, todo tiene una mirada que atañe a nuestra realidad.

En julio 88 de ese año, en el marco del desarrollo de Chile-Crea, los cineastas salen a la calle a manifestar el malestar por la prohibición de exhibir en Chile el Largometraje de Pablo Perelman Imagen Latente y por la calificación del documental de Ignacio Agüero Cien Niños esperando un Tren para mayores de 21 años.

Era un día muy frío y la represión no tardó en llegar, los golpes y el guanaco dejaron mojados a todos y algunos detenidos.

Por esos días el distribuidor y productor Eduardo Tironi, y a decenas de cineastas, habíamos creado la sociedad Gente de Cine, con el objetivo de construir una sala de cine en el centro de Santiago que hubiese un lugar de exhibir el Cine Chileno lo llamamos “el Biógrafo”, nombre que propuso la cineasta Mara Sánchez, que murió muy joven.

Yo estuve a cargo de la obra y fue uno de los momentos más entretenidos de esos años duros.

Mientras construíamos la sala de cine, proyecto con el que ganamos la Bienal de Arquitectura, topos los días miraba esa estupenda casa antigua que estaba al lado y en la esquina con frisos rococo, ideal para hacer un Café-Bar-Restaurant como había soñado por tanto tiempo.

Rápidamente pensé en el periodista Douglas Hübner, viejo amigo que había tenido un café en el exilio en Berlín, que se llamaba la Batea y empezamos a buscar socios.

En esos años los proyectos colectivos aún eran posibles y en eso tenía experiencia, tras haber sumado voluntades en múltiples proyectos, como la gran productora TVCine, y ahora el Cine y un Café que hizo historia, no siempre eran los mismos socios, pero gente de la cultura.

La campaña del NO.

Todos recordaremos esa campaña y la famosa franja del No, tiene tantos relatos posibles como spots realizados.

Las miradas, anécdotas, el esfuerzo realizado y por, sobre todo, el profundo trasfondo político que se estaba moviendo y gestando en los ámbitos del poder.

Igual está ocurriendo hoy frente a este nuevo plebiscito del 25 de octubre, pero con un país menos ingenuo y más consciente políticamente.

Es por ello que la película «No», de Pablo Larraín, no dejó a nadie indiferente, todos teníamos una forma distinta de interpretar esos hechos. Pero allí estuvo el talento de los técnicos y realizadores, como de creativos.

Nada se dejó al azar y hasta el dedazo de Ricardo Lagos en el programa del Canal 13 “De Cara al País” un 25 de abril del 88, había sido preparado en mi productora, por varios cineastas con Carlos Flores Del Pino, como lo consigno el propio Lagos en sus memorias.

En marzo siete meses antes del triunfo del NO habíamos logrado inaugurar el Café del Biógrafo, junto al Cine, donde celebramos el triunfo.

La periodista Gabriela García, lo narraba así en La Tercera:

“Esa noche del 5 de octubre de 1988, una línea marcada con tiza cruzaba la calle Villavicencio. De un lado, en la esquina con Lastarria, estaban los eufóricos parroquianos del Café del Biógrafo. Del otro, hacia el edificio Diego Portales, el tenso Ministerio de Defensa de Pinochet.

El No había triunfado en el plebiscito. Los militares masticaban el luto con gatillo y todo Chile se empezó a partir en dos.

«Se supone que ningún negocio debía abrir antes de cumplidas las seis horas del cierre de la última mesa de votación, pero desde temprano se agolparon 600 comensales en nuestra puerta. Por si las moscas, rayamos el pavimento. Para que ningún soldado o civil traspasara la frontera», rio, Douglas Hübner.

Muy rápido llego el año 89 y las elecciones presidenciales y parlamentarias.

Me había incorporado a la Comisión de Programa para la Televisión de la Concertación, donde se elaboró la nueva ley de Televisión.

Se ha iniciado la campaña presidencial. Ese año será de gran actividad.

En nuestra productora, se realiza la campaña presidencial y parlamentaria y desde nuestros estudios me tocó organizar la «primera Cadena Nacional en Democracia», con Televisión Nacional transmitiendo vía satélite la conferencia del presidente don Patricio Aylwin.

Mi escritorio se transformó en un salón VIP donde era maquillado el futuro presidente, don Patricio Aylwin.

El día de mi cumpleaños 43, un jueves 14 de diciembre, se realizó la elección presidencial y en paralelo la elección parlamentaria.

Este es el año que marca el fin de la dictadura y se presentan tres estrenos. La película Todo por Nada, de Alfredo Lamadrid, conocido por su labor como director de televisión y que tiene gran publicidad, y mala crítica. En esa película el fotógrafo, nuestro querido Miguel Montenegro, sufre un accidente automovilístico que lo dejará sin poder caminar, pero admirablemente se mantendrá activo en la profesión. También se estrena Consuelo, segundo largo de Luis R. Vera, sobre el conflicto de un retornado desde Suecia a un país que le parece ajeno. En un registro diferente, se estrena el Thriller experimental Hay algo allá afuera de José Maldonado; Historias de lagartos, dirigida por Juan Carlos Bustamante, considerada por la crítica como la mejor película del año, obtiene un premio en el Festival de La Habana. La joven realizadora Tatiana Gaviola realiza su primera ficción Ángeles.

Ahora pueden convivir o coexistir todas las generaciones que hacen cine en el mismo lugar, en el exterior se mantiene Raúl Ruiz y el documentalista Patricio Guzmán, que también se traslada a Francia.

Todos juntos. Littín, que se había iniciado en los sesenta; Caiozzi, Perelman, Castilla, Lübbert y Racz con obras desde los setenta; también los que lo hicieron a partir de los ochenta, como Justiniano, Cristián Lorca, Graef Marino, Kocking; y quienes se sumaron en los noventa, como Cristián Galaz, Andrés Wood, Marcelo Ferrari, Nicolás Acuña, y los que egresan de las escuelas de cine, como Matías Bize y Jorge Olguín.

Por esos días, la energía y el entusiasmo eran sólidos y los proyectos colectivos de fácil convocatoria, había ganas de hacer cosas y los gremios se llenaban de reflexiones y proyectos.

Pero lamentablemente, la sociedad chilena irá cambiando a una velocidad que no percibíamos en su real dimensión. La realidad económica y social que imponía la continuación del modelo neoliberal, paulatinamente fue matando ese espíritu colectivo.

La necesidad, inoculada cotidianamente, de encontrarle rentabilidad a todo y a cada peso que se podía obtener, hizo que el Cine El Biógrafo, un símbolo del reencuentro y de sentido de trascendencia y de futuro, con el paradigma de moda, debía dar más rentabilidad. Terminó así ese maravilloso proyecto, donde podíamos programar nuestro cine, tarea que realizaba Fernando «Dito» Vargas, marcando un hito de como el neoliberalismo llegaba a nuestra vereda.

Pero el «Café-Restaurante El Biógrafo», que habíamos creado con otro grupo, resistió el embate un tiempo más, transformándose en un formidable lugar para encontrarse y restañar heridas.

Nos duró unos años más, pero no muchos más.

En el Cine, la vocación de lo colectivo de la vida gremial y cultural, se trasladaba a una mirada más empresarial.

Ambas situaciones, de alguna manera, simbólicas, representativas de los nuevos tiempos que el neoliberalismo imponía.

Para mí, marca el cierre de una etapa que coincide con el nuevo siglo y no deja de ser curioso que sea el propio diario El Mercurio quien recoja con nostalgia su muerte.

Con el título «El Biógrafo baja el telón», el periodista Marcelo Simonetti publica esta crónica.

“Había recogido el espíritu de los antiguos cafés de la década del cincuenta. Aquellos de cigarrillo, conversaciones de barra, de noche larga. Enclavado en el barrio Lastarria, cerrará sus puertas este 31 de marzo. En su lugar, levantarán una multisala de cine arte. Célebres políticos, escritores, artistas, poetas, cineastas y periodistas se hallan entre sus deudos. Si Chile fuera el Café del Biógrafo, estaría gobernado por Manfred Max-Neef, la bebida patria sería el amaroshka y los problemas fundamentales pasarían por resolver si El tiempo recobrado, de Ruiz, es Proust o no lo es. El toro del Salvaje Araya postularía a emblema patrio, la gente saldría a las calles a eso de la medianoche y la conversación en la barra sería una suerte de ejercicio diario”.

El neoliberalismo y la indignación.

Los proyectos de izquierda en América Latina y en el llamado Cono Sur, habían sido reprimidos brutalmente por las dictaduras de la región en los sesenta y setenta y también en parte de los ochenta. En países como Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay, entre otros, se aplicaban a sangre y fuego las políticas neoliberales que originaron cambios profundos y una marcada desigualdad, ya durante muchos años de carácter estructural.

A comienzos de esta década de los 90, la izquierda mundial asiste al derrumbe del socialismo en la Unión Soviética y Europa del Este. En el Sur, de este lado del mundo, se fue gestando por un grupo de partidos y movimientos sociales lo que será el Foro de São Paulo, con el liderazgo de Luis Ignacio Lula da Silva y Fidel Castro, que buscan crear espacios de diálogo dentro de la diversidad y apostando a la unión y la integración. Lo que favorecerá que, dos décadas después, la izquierda latinoamericana llegue al poder en varios países.

La Transición y la Traición

En los años siguientes vivimos una larga transición, cuyo costo traía implícito el silenciamiento del mundo cultural de la izquierda, concordado en un pacto político no conocido y que sufrimos con dolor, que hoy podemos conocer.

Nuestros dirigentes llegados del exilio se habían hecho profesionales de la política y habían aprendido el uso del poder en las socialdemocracias europeas, o en los socialismos reales; de eso nos fuimos enterando poco a poco.

La caída de la Unión Soviética, los cambios en China, y el ascenso de las privatizaciones y todo lo que significó la aplicación del modelo neoliberal dejaron a la izquierda a la defensiva, sin discurso.

Asistimos a los triunfos electorales de Hugo Chávez en Venezuela, de Lula da Silva en Brasil, el nuevo peronismo en Argentina, el frente amplio en Uruguay, el de Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Fernando Lugo en Paraguay, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet en Chile, que a partir de la recuperación de los movimientos sociales configuran un nuevo mapa político y la izquierda Latinoamericana saca el habla.

Este nuevo escenario genera también en la cultura y en el cine un proceso que permite reimpulsar las viejas aspiraciones, lograr ciertos espacios de unidad en la acción y posibilita el surgimiento de cinematografías emergentes en países sin esa experiencia.

Eugenio Tironi director de la Secretaría de Comunicación y Cultura, declara:

«Nosotros deseamos el mayor pluralismo de los medios de comunicación, pero este no lo obtendremos con mayor intervención del Estado, sino con más medios privados que expresen todo el arco ideológico, cultural y regional de Chile. Pero el Estado no inventa empresarios, ni en este ni en otros campos; solo puede apoyarlos, y en ello está comprometido».

Así lanza la célebre frase: «La mejor política comunicacional es no tener política comunicacional»

“El Mercado” ideologizado, no ve a la prensa de izquierda aun cuando vende miles de ejemplares, incluso más que revistas tradicionales y en esto el Gobierno y las empresas del Estado se incluyen.

Así, los ministerios entregaron a El Mercurio el 52% de toda su torta publicitaria y a COPESA el 32%. Es decir, sólo en publicidad El Mercurio recibió del Estado la friolera de $2.118 millones y COPESA $1.025 millones.

Con ello, la Revista Cauce cierra en 1989. Fortín Mapocho en 1990, Análisis es mediatizado y luego cerrado el 94. APSI cierra el año 95, Página Abierta, nacida el año 89, tuvo una corta vida de dos años. Pluma y Pincel sobrevivió hasta el año 93. La Época, después de muchos vaivenes, cierra el 97, Hoy el ˇ98. Hace poco le toco a Punto Final.

Lo mismo nos pasó con la Revista Rocinante, que habíamos creado con Faride Zerán y Pablo Slachevsky y Silvia Aguilera de LOM Ediciones.

También a mi empresa TVCine Comunicaciones donde se hizo la campaña presidencial y Parlamentaria y se preparó al que sería presidente presidente y se realizo la primera cadena Nacional para el mundo, fue ahogada también.

Para la transición la estrategia diseñada por la Concertación, encabezada por Boeninger, Correa y Tironi no incluía a la izquierda expresándose y que pudiese poner dificultades al primer gobierno encabezado por Aylwin.

Me recordé del pacto de «Punto Fijo» de Venezuela, son hechos muy parecidos y de la misma agua.

El estallido del 18 de octubre dejo finalmente todo al descubierto y otro Chile será posible de verdad.

Comentario que hago en el programa de Luis Schwaner “El último Café” en Radio U.Chile.