Taller Iniciación a la Crónica en Nuestra América, impartido por Ignacio Vidaurrázaga

TALLERES LOS OFICIOS DE LA PALABRA:

Iniciación a la Crónica en Nuestra América   

Este es un tiempo de crónicas: revitalizadas, revisitadas y recreadas. Un género camaleón que extiende sus variantes entre la literatura, el periodismo y la historiografía. Así, la crónica opera como un gran recipiente donde se intersectan otros géneros corriendo sus límites permanentemente. El colombiano Darío Jaramillo Agudelo, autor de la Antología crónica latinoamericana actual (Alfaguara, Madrid, 2012) ha escrito:

La crónica periodística es la prosa narrativa de más apasionante lectura y mejor escrita hoy en día en Latinoamérica. 

Una Extendida Historia 

Posiblemente, la crónica sea uno de los primeros géneros de cómo el castellano se escribió en Nuestra América. Los relatos de viajes y de relación fueron crónicas y desde cada una de las nuevas banderas independentistas, a muy poco andar, surgieron nuevos relatos, recreando sus temáticas en cartas y crónicas. Por supuesto, mucho antes los pueblos originarios narraron en sus propias lenguas. Esa oralidad se escribió en soportes e imágenes singulares en formas y colores. Pero, esa es otra historia a conocer.

En Chile Rubén Darío, con el seudónimo de “Radamés” escribió en La Época. En tanto el suicidio de Balmaceda era contado por don José Evaristo Uriburu en El Ferrocarril, en septiembre de 1891. Posiblemente, la crónica fuera desde antaño una muy buena herramienta de contra poder, de mirada horizontal, para desde abajo y los límites hacer visible lo invisible.

En el siglo XX Inés Echeverría-Iris- y Elvira Santa Cruz –Roxane-fueron adelantadas también cronistas. El año 31 la sublevación de la Escuadra fue también relatada como crónica. Mientras, Joaquín Edwards Bello en 1921 en La Nación, escribía sobre Teresa Wilms Montt “precursora del feminismo y del anarquismo entre las mujeres de la elite oligárquica” como lo indica la Antología de la crónica periodística chilena (Hueders, 2017).