Poesía Reunida 1962-2017, Carlos Mellado

Carlos Mellado, el poeta secreto, presentó su libro en Concepción

Este pasado 3 de Abril, en el marco de la 6ª Feria del Libro y 5º Encuentro de Escritores en el Bío Bío en Concepción, tuvo lugar el lanzamiento del libro Poesía Reunida 1962-2017 del Poeta Carlos Mellado (Santiago, 1934) editado por editorial LAR, Literatura Americana Reunida, que dirige el poeta Omar Lara.  La presentación estuvo a cargo del poeta, académico y director de la Sech, Naín Nómez, el periodista de Diario El Mercurio, Pedro Pablo Guerrero, el poeta y director del encuentro Omar Lara y la prologadora y encargada de la edición, Andrea Campos.  

La emoción que reinó en el lugar, la Sala de Espectáculos de Artistas del Acero, emblemático Centro Cultural de la ciudad con más de 50 años en los dominios culturales de la Región, se mantuvo durante toda la jornada con excelente marco de público, muchos de los cuales conocían a Mellado de tiempos inmemoriales, concertando el asombro al escuchar directamente del poeta algunos poemas de este nuevo Libro.  La intervención de Nómez (más abajo texto completo), sumado a las palabras que dirigiera el periodista Guerrero, remontándonos a los años 80 y 90 donde resonaba con fuerza la labor cultural del poeta, en tiempos oscuros y, su cercanía con nuevas generaciones, resultan hoy de un valor incalculable, dijo; también hizo referencia a la atención inmediata que suscitó en la crítica, primero de Ignacio Valente el 80 y luego del crítico Pedro Gandolfo en 2002, que a esa fecha firmaba con el  seudónimo, Cristobal Solari, entre otros críticos que se ocuparon de la palabra de Mellado, todos con excelentes comentarios, dejan en evidencia la calidad indiscutible de su poesía, que también ostenta el reconocimiento de sus pares.  Por su parte, Omar Lara, reconocido por su basta obra y calidad poética, además de su trabajo de difusión a través  de las emblemáticas Editorial Lar y Revista Trilce, ambas  por lo demás con más de cinco décadas de afanes, recibió con entusiasmo la invitación a editar a l poeta Mellado, para  quien preparó el entrañable texto que cierra Poesía Reunida 1962-2017 y que fuera leído por Lara durante la presentación.

Damos cuenta aquí, de la  admiración y respeto que generó en el encuentro el mítico poeta, primero a todo por su sencillez y segundo, por la labor incansable de este artesano de la palabra que nada tiene que envidiarle a otros vates nacionales que ostentan mayor popularidad.  Habría que decir que la obra de Mellado, editada anteriormente en México (1980) Poemas y luego en Santiago (2001) Poemas prepostumos, resultaban hoy inencontrablen.  Este volumen, en consecuencia, recoge ambos libros que significan apenas un tercio de la producción poética del autor y agrega más de 150 poemas inéditos.

Este rescate resultaba imperioso y necesario, una deuda con la literatura y desde luego con Carlos Mellado, quien por su calidad literaria merece reconocimiento en vida; su nombre debe estar ineludiblemente inscrito en la literatura nacional, latinoamericana y porqué no decirlo, universal.

Llevar adelante este proyecto, arduo trabajo que consignó más de un año de empeño y dedicación:  desde la entrega de manuscritos, hojas escritas a máquina, otras escritas en computador, muchas ajadas, con agujeros de ceniza de cigarrillos, manchas de café, otras, casi ininteligibles por lo añosas, permanentemente hojeadas y que parecían no haber dormido nunca; hasta este libro de gran factura que consigna el trabajo de  varios que colaboraron ad honoren para poner en valor  la poesía de Carlos Mellado, es ahora tarea cumplida. 

A continuación compartimos con los lectores, las palabras expresadas por nuestro director Nain Nomez en dicho encuentro.

POESÍA REUNIDA de Carlos Mellado

por: Naín Nomez

Las obras poéticas completas de Carlos Mellado precedidas de un prólogo de Andrea Campos, nos entregan  el conocimiento hasta ahora un tanto subterráneo de un excelente poeta, cuyo rescate se hacía absolutamente necesario. 

Mellado es un poeta de la desesperanza y del dolor, del desamparo y la mistificación: “brinco tantos años en el mismo sitio”. Se trata de  un lírico que tiene un repertorio de palabras personales que acuden a su escritura para hablar del movimiento de la vida hacia el abismo final, que en ciertos momentos se hace intermediación entre la vida y la muerte. A veces, el sujeto se remonta a la infancia, desde donde se intenta recobrar a los seres queridos y  sus presencias que ahora se hacen ausencias invisibles en el aire. A veces, los objetos cobran vida y se humanizan de una manera casi surrealista. A veces los textos fluctúan entre el amor y la muerte, entre la ironía y la tragedia, entre el juego y la alegoría o sinécdoque, que golpea la vanidad del propio hablante. Esta estructura del sujeto que habla y se devuelve a sí mismo, es permanente en la producción de Carlos Mellado. Casi siempre en sus poemas, hay un cuestionamiento acerca del conocimiento que posee el hablante o los hablantes, quienes dudan de sí mismos, de su ser y existir, de los mecanismos del diario vivir, alienado en costumbres y hábitos que no lo satisfacen y lo desconciertan. En cuanto a la escritura, se trata de textos sintéticos, elaborados, de muy buena factura verbal, con un ritmo acotado y lento que muchas veces se reitera sin agotar el procedimiento y dando siempre la sensación de la contención emocional.

El recurso de remontarse al pasado y rememorar hechos y acontecimientos con un dejo de nostalgia, se logra bien, especialmente a través de la enumeración caótica y la oscilación reiterativa de evocar el pasado desde un presente, si no degradado, por lo menos un poco más desesperanzado. Pero ello no opta a que el sujeto no recupere también  su presente y no siga soñando  con un futuro que se unirá a ese pasado tamizado por la ternura, el desasosiego y las ganas de vivir. 

Pero igualmente el escepticismo  permea todo: “Ciegos tú y yo/…por separado/ tanto como lo fuimos/ cuando estábamos juntos”. Esto se articula con un pesimismo que abarca no sólo el mundo mentado, sino también la vida familiar, los amigos y el propio cuerpo del sujeto: “me voy…en orines, células muertas como raspadas escamas…uñas retirándose de la mano…humedad mía que se va en respiración y palabras”. Para indicar finalmente “no sé cómo me queda todavía algo de algo”.

En síntesis, la poesía de Mellado es poesía viva, carnal y desgarrada, densa y pletórica de imágenes originales que brotan como un caudal de hallazgos en sus versos. Felicito a Lar y a Omar Lara, a Andrea y a todos los que empujaron esta publicación, que con justicia se merece este poeta antiguo y joven, que ha sido también un baluarte en la Sociedad de Escritores de Chile y un guía y maestro para muchos jóvenes poetas y narradores.

Carlos Mellado, Poesía Reunida

La poesía de Carlos Mellado es de una intimidad que rosa el nivel de lo secreto, oculto, privado. No hay un solo atisbo de aquel interés vacuo que abunda en ciertos poetas de nuestro tiempo por vociferar sus poemas al mundo entero. Mellado es prudente, no quiere impresionar a nadie, sólo busca retratar sus emociones conmovido por aquel estado de sorpresa tan propio del artista verdadero; sorpresa y estupor que es acaso el único camino para llegar al ser de las cosas.  Naturalmente, asombra esta humildad del artista que construye su obra en silencio y sin pretensiones, cual obrero laborioso que ladrillo tras ladrillo levanta un edificio, en tiempos en que las artes se han vuelto un grito desesperado por llamar la atención, produciendo, las más de las veces, toda clase de bodrios, en desmedro de las obras verdaderas, capaces de sostenerse en el tiempo, sin estridencias ni lisonjas publicitarias.

Muchos de los poemas que conforman esta obra, alcanzan la plenitud del arte de la poesía, que no es otro que condensar en un cuerpo de palabras, una experiencia, un sentimiento universal en torno a un hecho, real o imaginario, capaz de producir esa fruición intelectual que llamamos goce estético, es decir, una sensación de verdad que conlleva a la reflexión más profunda con el ser, con la esencia, con el alma de las cosas. 

La poesía de Carlos Mellado retrata como el pintor espacio y tiempo, con una pureza de lenguaje que conmueve y remueve la conciencia del lector, enseñando acaso que la simpleza y naturalidad de las palabras es el mejor conductor de la poesía. Habría que detenerse en muchos poemas que me parecen de antología, pero es preferible dejar hurgar libre al lector, para que descubra por si mismo los tesoros que hay en este libro. Leer poesía es también un poco eso, buscar tesoros ocultos en las palabras, en sus infinitas combinaciones predispuestas y descubiertas por el poeta, el mayor decodificador de signos lingüísticos.

Los tópicos que aborda la poesía de Mellado son los clásicos de todos los tiempos. El amor, el tiempo, la vida, la muerte, y habría que agregar lo cotidiano, el diario vivir, las percepciones del sujeto inmerso en una realidad concreta, en el aquí y ahora de su tiempo, en su soledad, en su abandono, en la peripecia de cargar con el peso maravilloso de la existencia. ¿Será como esta tarde la tarde de mi muerte,/ de cielo anubarrado y los pájaros negros /

cruzando hacia regiones lejanas o perdidas?

La presencia de los animales en sus poemas, del gato o del perro que intercepta el mundo con su halo cargado de misterio, animales semidioses, ajenos a esa conciencia de las cosas que aturden al hombre, pero que forman parte o conforman su mundo, una intimidad única, irrepetible. Hay aquí fantasía y secretismo, ansias de codificar y decodificar esas presencias silenciosas, mudas, pero capaces de ser la mejor compañía. “Desde lejos envidio el caminar del perro / de prisa misteriosa y legendarias órdenes genéticas,/ tan en su territorio y dueño de sí mismo,/tan perro apenas y suficiente con eso.”

Carlos Mellado es un poeta del amor que nos recuerda a Bécquer, acota el sentimiento universal que gravita en los amantes, dotado de una notable sutileza y elegancia que va más allá de lo efímero, de la pasión y del erotismo que embelesa las almas de los amantes, confundiendo, y trastocando lo esencial del sentimiento imperecedero. Lo que más quise en este mundo / tenía nombre de mujer./ Hoy que por fin lo he conseguido / no sé que puedo ya querer.

El poeta acierta en sus poemas a recrear imágenes que sólo se sienten o piensan sin lenguaje posible, he ahí acaso el milagro del arte que llamamos poesía, traducir lo inefable. “Ya me despido, mar, de tus ondas grisáceas,/ de tu horizonte plomo, surcado por gaviotas./ Hoy ya nos vimos mar, en reunión amable,/con la música clara y honda de tus olas.”

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Enero del 2019.-