Mal pelado el chancho

La expresión popular “esta mal pelado el chancho” no puede ser más gráfica. Expresa muy bien la idea de que las cosas no andan bien, que no hay justicia, que debiera por tanto pelarse mejor el chancho para alcanzarla. Pero conseguirlo no es fácil, se requieren voluntades, individuos y grupos capaces imponer criterios ecuánimes.

En lo relativo a los asuntos culturales siempre he pensado que está mal pelado. El Estado reparte generosamente mucho dinero, pero sin resultados evidentes, tangibles, medibles. Creo que se entrega demasiado dinero a ciertas instituciones y grupos culturales, y muy poco a otras, acaso tan importantes o más importantes que aquellas. Nunca he comprendido cuál es el criterio, pero tengo la inquietante sospecha que se trata nada más de políticas públicas mal concebidas en sus orígenes, tras una apropiación precipitada de los bienes públicos.

Cabe preguntarse, por ejemplo, cuanto le cuesta al Estado chileno la mantención del Centro Cultural Mapocho y cuáles son sus resultados. Aunque aquí tal vez deba advertir que como férreo defensor del tren, nunca me he conformado a la pérdida de la Estación Mapocho como centro de llegada a la capital del sur o del norte del país vía tren, algo que no sólo parece lógico en un país largo como culebra, sino demasiado necesario para la descongestión de carreteras y para alegría del viajante. Este “proyecto cultural” sin duda le ha costado a Chile cientos de miles de millones sin retorno de ningún tipo, cultural ni económico. Si pudiéramos comparar los presupuestos atribuidos año tras año a instituciones de este tipo con el concedido a la SECH (Sociedad de Escritores de Chile), tengo la certeza que la diferencia sería escandalosa.

Sucede que se discute hasta el cansancio el problema de falta de lectura en Chile, sin embargo, no se toman medidas tendientes a reducir el problema. En ese sentido, las instituciones directamente relacionadas no son tomadas en cuenta por la autoridad de turno, y se sigue favoreciendo otras áreas que no tienen relación alguna. Si los escritores no tienen nada que aportar en este asunto, como parece ser el criterio de la autoridad, no pueden haber soluciones. A mi parecer, deben estar en primera lista, como agentes indispensables en materia del libro y la lectura.

Existe hoy la necesidad urgente de revisar los presupuestos destinados a Cultura, también por un asunto de equidad, con la que tanto se refriega. Sólo de esa manera nadie podrá decir que está mal pelado el chancho.

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Mayo del 2018