LUNES DE TERTULIA EN LA SECH

Vamos a cumplir tres años de nuestra tertulia en el Refugio López Velarde, Casa del Escritor (calle Simpson 7), sede permanente de la Sociedad de Escritores de Chile desde hace poco más de medio siglo. Como se sabe, en la vieja cochera de la casona (donde en tiempos remotos se guardaban carruajes tirados por caballo, -nunca automóviles), la Embajada de México financió su remodelación y alhajamiento, a finales de 1963, transformando aquel espacio en un lugar de encuentro fraterno, tanto para los escritores socios de la institución como para amigos e invitados ocasionales.

Al fondo de la estancia, la figura del poeta mexicano Ramón López Velarde parece presidir las veladas que se inician, cada lunes, alrededor de las 19:00 horas (salvo feriados y durante el receso veraniego de febrero). Quizá el vate, admirado por Gabriela Mistral, nos está recitando uno de sus poemas, para tornar más lírico y reconcentrado el espíritu de la tertulia del día de Selene o Artemisa, diosa lunar:

Mi corazón leal, se amerita en la sombra. 
Yo lo sacara al día, como lengua de fuego
que se saca de un ínfimo purgatorio a la luz;
y al oírlo batir su cárcel, yo me anego
y me hundo en la ternura remordida de un padre
que siente, entre sus brazos, latir un hijo ciego.

Mi corazón leal, se amerita en la sombra.
Placer, amor, dolor… todo le es ultraje
y estimula su cruel carrera logarítmica,
sus ávidas mareas y su eterno oleaje.

Nuestro aporte sólo consiste en recuperar y animar este espacio, que a lo largo de una década estuviera desaprovechado como sitio de diálogos entre pares, habiéndose interrumpido, al parecer por un curioso impulso puritano, una tradición bohemia animadísima que se desarrolló desde la segunda década de los 60, en la que participaron destacados escritores y compañeros que hicieron del diálogo vivo parte sustantiva del oficio literario, no siempre armónico, a menudo encendido de pasiones y polémicas al calor del vino, de la cerveza o del whiskey, que algunos escribas de paladar más refinado o hígado de elite, como Poli Délano, Pepe Rosasco o Víctor Sáez, preferían a los mostos populares, de dudosa calidad en períodos de vacas flacas y palabras famélicas, como lo fuera aquella etapa menesterosa, entre 1974 y 1989. Doña Mina y Fernando, su marido, ofrecían un tinto de una estrella, cuyo tufo avinagrado se haría tan controvertido como famoso al regreso de los pendolistas a sus hogares. (Soy testigo directo de este fenómeno de irascibilidad olfativa).

Como compensación, doña Mina cocinaba deliciosas empanadas fritas y, a la hora de almuerzo, unas cazuelas de vacuno apoteósicas y unos porotos con rienda y longaniza capaces de levantar un muerto, o de animar a un escritor en trance de inanición prolongada. Por otra parte, Fernando y Mina daban crédito a ciertos escogidos… No a todos, ni a destajo, porque hubiese sido la ruina de esa concesión de por vida que hizo de la Sociedad de Escritores de Chile una casa hospitalaria, donde podías recogerte en noches inhóspitas y frías, durmiendo entre el abigarramiento de los más variados licores, en las dos habitaciones de la Comisión de Cultura, donde campeaba Carlos Mellado, siempre a la vera de sus musas etílicas.

Nuestro inolvidable Poli Délano regresó del exilio en 1986. La casa entera vibró en su acogida, como si le abrazara. Aquel primer día lo culminamos en el refugio; nosotros, con vino y cerveza; Poli, con su botella de whiskey. En medio de la entretenida conversa apareció doña Mina, desplegando unos papeles arrugados. Se ubicó al lado de Poli Délano y le dijo:

-“Oiga, mire, cuando usted se fue al extranjero me dejó esta cuenta pendiente y quiero que me la pague ahora…”

Se produjo un incómodo silencio, nos miramos azorados, como pidiendo una explicación. Poli empalideció, se puso serio, y reponiéndose, respondió:

-“Bueno, Mina, se la pago al tiro, siempre que no me aplique los intereses”.

Soltamos la carcajada e hicimos un brindis por esos créditos de emergencia que suelen ser parte de la precariedad de casi todos los escritores chilenos.

Cómo no recordar a Jorge e Iván Teillier, a Rolando Cárdenas, a Ronnie Muñoz, a Stella Díaz Varín, a Yolanda Lagos, a Elena Moreno, a Raúl Mellado, a Sergio Bueno, a Emilio Oviedo, a Martín Cerda, a Mario Ferrero, al Tote España… y a tantos otros de los que ya no están y que honraron con su presencia y sus voces este caro cenáculo…

 

Si es verdad que el pasado no puede recuperarse, ni siquiera al modo cómo lo intentara Marcel Proust, hay algo que nos ha quedado como herencia de esos amigos (as) y compañeros (as): su palabra escrita en las obras que intentamos revivir en los lunes “tertulianos”, haciendo vibrar aquellas voces poéticas y literarias, cuyos sones pueden aventar ese oscuro silencio que duerme en la ceniza del olvido. Junto a ellos, los que aún estamos, asimismo los jóvenes que recién se incorporan al quehacer de la palabra, muchos de ellos llenos de esperanza en la ruta de un arduo oficio en donde no sobran las alegrías ni las prebendas. El premio –si lo hay- es el amor por el verbo y la búsqueda incansable de sus hallazgos y primicias, las diversas visiones y posturas frente al arte literario, a lo que cada uno contribuye desde su propia afición y experiencia de vida.

El móvil y el propósito de estas tertulias de los lunes es reunirnos en torno a la mesa de la palabra, donde compartimos el pan de la vocación escritural y el vino de la amistad. Nuestro lema y exhortación es: “La palabra renace y fructifica en el refugio de la Casa del Escritor”.

Hemos logrado conformar un equipo de animadores, entre los que sobresalen Antonia, -gentil anfitriona, escritora y editora entusiasta, a quien bien pudo referirse Antonio Machado cuando escribió: “Amé cuanto ellas tienen de hospitalario”-; Carlos Fonseca, con su voz, su gracejo particular y su guitarra; Sergio del Solar, interpretando sus propias melodías, con un estilo particular que encanta a los asistentes, en especial al grupo femenino de poetas e invitadas. (Y este servidor, quitado de bulla y muy modesto desde su genio).

¡Hasta el próximo lunes!

Edmundo Moure