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EL SECRETO DE SUS OJOS

Dirigida por Juan José Campanella

Una gran historia de amor que soporta el paso del tiempo. La película envejecerá magníficamente debido a su guion de relojería, la química entre actores (Soledad Villamil está sublime) y unos planos bellísimos que hilvanan las acciones que transcurren hacia fines de siglo con aquellas ocurridas en 1974 cuando se descubre el brutal asesinato de Liliana Colotto. No sólo me refiero a ese madurar, sino a la historia narrada de un amor imposible que sobrevive al peso de los años. El relato cala hondo porque se sustenta en emociones reales: el secreto de los ojos de Irene Menéndez Hastings (jefa de archivos del juzgado de instrucción de Buenos Aires) que mira con admiración el actuar vehemente de su subalterno Benjamín Espósito (un simple oficial del juzgado) que arriesga su carrera profesional al enfrentar a otro oficial del tribunal y al propio juez Fortuna Lacalle. Irene es una doctora recién llegada, de clase acomodada y mucho más joven que Benjamín. Sin duda se trata de un thriller, asesinato de por medio, que deja al marido de la víctima detenido en el tiempo, un limbo, deseando no olvidarla (té con limón) y que el asesino (los ojos lo delatan) permanezca en la cárcel por muchos años («así se va a dar cuenta de que todos estos años estuvieron llenos de nada»). Vemos los ojos del marido devastados por lo irremediable, no puede volver atrás los acontecimientos. El tratamiento del tiempo es vital para el director: el limbo de Ricardo Morales se dilata profundizando el dolor, en cambio, Irene describe su vida como un «siempre mirar hacia adelante», sacrificando sus anhelos, y en cuanto a Benjamín, ahora retirado, ha decidido escribir una novela sobre el caso que lo marcó y lo dejó anclado al pasado. Pero esta historia de amor esconde varias capas de espesor narrativo. Detrás de estos personajes hay una crítica al actuar de la justicia, compuesta por seres humanos muchas veces con defectos y decisiones mezquinas. También es una historia de lealtades entre aquellos que se reconocen buenos: de la doctora respecto a sus subordinados, de los amigos (Benjamín y Pablo) que aceptan las imperfecciones del otro, del marido sufriente ante el oficial del juzgado («usted dijo perpetua») y del propio Benjamín que sellará sus labios para siempre. La narración transcurre en el presente (1999) alternada con largos raccontos que hacia el final confluyen en brevesflashbacks de gran intensidad que mezclan presente con pasado (y distintos puntos de vista), para que el protagonista averigüe la verdad de los hechos, veinticinco años después, y pueda proseguir con su vida. La escena en la estación de tren, el viaje que lo aleja de su amada, se ha repetido una y otra vez. Benjamín ya ha visto sus ojos de admiración; recién ahora se siente merecedor de ese honor. Sus ojos nunca lo engañaron y una sonrisa cómplice sella esta apasionante historia tras el umbral de la puerta.

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