La luz de la poesía cuando el lobo aullaba y las puertas estaban cerradas

Integrantes del Taller de Poesía Sech 1981 e invitados dieron vida a una hermosa velada que rememoró la vida cultural durante la dictadura. A pesar de que en este país las puertas estaban cerradas, la poesía abrió un espacio para la creación, recordó su director Jaime Quezada.

Carlos Antonio Vergara, texto y fotos.

   La noche del jueves 10 de enero terminó la lucha de Gabriela Mistral (1889-1957) contra el cáncer en el Hospital de Hemsptead, Nueva York. Simbólicamente, ese mismo día pero del año 2019, la Casa del Escritor se repletó de historia reciente, poesía y misticismo.

   “Gabriela Mistral está viva y vigente. Hoy también se cumple un año más del nacimiento de Vicente Huidobro. Nuestra poesía mayor está presente aquí esta noche. Es una buena aura para quienes participan en esta jornada”, dijo el poeta Jaime Quezada, director del Taller Sech 1981 y ex presidente de la Sociedad de Escritores de Chile (Sech) durante el período 1989-1991.       

   A la actividad asistieron la Secretaria General de Sociedad de Escritores de Chile (Sech) Malú Ortega y la Presidenta de la Comisión de Cultura de la entidad Isabel Gómez.

    Se trata de un ciclo de dos lecturas y conversatorios en la Casa del escritor en el cual se están mostrando trabajos de esa época y actuales. El siguiente se realizará el jueves 17 de enero.

    Quezada en la introducción señaló que “fue una época muy difícil y complicada, pero la poesía pudo dar luz en esa época donde el lobo aullaba, como decía José Donoso, y el Obsceno Pájaro de la Noche parlotea, pero la poesía estaba allí presente con los poetas de la época que seguimos siendo los mismos hoy.  Nos alegra mucho poder reencontrarnos gracias a la iniciativa de algunos integrantes poetas. Reencontrarnos, la poesía nos acerca, nos fraternaliza, nos sigue los pasos como dice Nicanor Parra”.

Grafittis de Neruda en la taberna

   “Este fue un taller muy abierto y de puertas abiertas, a pesar de que en este país las puertas estaban cerradas en aquella época, pero la poesía abrió un espacio para la creación de los poetas de entonces”, recordó.

    “Me alegra mucho haber dirigido aquel taller. En verdad, no era que yo lo dirigiera, era uno más dentro de este grupo de treinta integrantes que fue muy pluralista, nada de claustral. Estábamos en esa armonía, en ese espíritu de fraternidad que nos unió durante aquella época muy difícil en una actitud de crítica y autocrítica, no de auto aplauso, si no de mirar y re mirar, de diálogo y conversación en torno a nuestras propias creaciones”, puntualizó.

     “Fue también un taller abierto al medio -agregó-, a la comunidad, lo que permitió a otros poetas que no formaban parte del taller originalmente que también se integraran. Se abrió un espacio para ellos. Todos los jueves nos reuníamos, en el salón de los Premios Nacionales”

     “También en la taberna, en el Refugio López Velarde. Mi corazón se amerita en la sombra como escribió nuestro Neruda cuando fue presidente de esta casa. Escribió en los muros, ya rayaba, hacía grafittis Neruda. Puso un verso del poeta mexicano. La sombra que era la poesía de luz también”, recordó.

     El grupo realizaba “una re mirada a la poesía chilena del momento con nuestros poetas más tutelares, más importantes. Estuvimos con Gonzalo Rojas, Nicanor Parra, Humberto Díaz Casanueva, Carmen Orrego, quienes participaban como uno más en el taller”, detalló Quezada, quien fue Presidente de la Sech entre 1989 y 1991.

Mariana Callejas en la Sech

   “Escribír y siempre es bueno verse con los otros. Era un momento muy oscuro y estar en un espacio público era un riesgo, todo era complicado para mí en ese momento. Pero fue muy intenso y lleno de activismo cultural publicando revistas, trípticos, todo lo que tenía que ver con la expresión, la palabra y la libertad”, recordó Berenguer al iniciar la lectura con una crónica.

    Recordó que la escritora y ex agente de la Dirección de Inteligencia Nacional (Dina) Mariana Callejas (1932-2016), condenada por el asesinato en Buenos Aires del ex Comandante en Jefe del Ejército, Carlos Prats, circulaba por la Casa del Escritor.

    Relató que una noche un conocido la saludó y la presentó a Callejas. Luego la poeta Estela Diaz (1926 -2006) le indicó quien era.

    “El hecho que Mariana Callejas fuera a la Sech y se sentara frente a nosotros, era inaudito y nos provocaba. Era estar con el enemigo”, agregó.

      La lectura realizada el jueves 14 se realizó en dos rondas. La primera por Carmen Berenguer y Horacio Ahumada, ex integrantes del taller y Carlos Trujillo, poeta de Chiloé, director de los Talleres Aumen.

    “Soy chilote, no se me confunda con santiaguino, soy de la república independiente de Chiloé. Aumen fuimos cientos. Destacó que fue el primer taller después del golpe de Estado de 1973. “Surgimos en abril de 1975 y de allí empezaron después todo, el resto de los talleres. Tanto así, que realizamos el primer encuentro de escritores en Chiloé en 1978 e invitamos a Jaime Quezada”.

Invocación a los suicidas

    Miguel Salinas manifestó que “a mí me convocó esta casa porque era un espacio de poesía, pero también de resistencia, porque la vida sino se resiste pareciera que no es vida”.

    Teresa Calderón expresó que “estar muy conmovida por esta vuelta del tiempo que nos permite encontrarnos desde el lenguaje, pero también desde las personas, desde los afectos, desde el cariño y del dolor compartido de esos tiempos”.

    Agradeció a Hernán Ramírez “porque no solamente trabajamos juntos aquí sino que con él fuimos por primera vez en mi vida a leer a La Granja, a la población Pablo de Rockha, donde también iban Carmen Berenguer, Jaime Lizama, Omar Lóéz y muchos otros y, la verdad es que era mucho el miedo, que íbamos temblando y volvíamos temblando”.

     Christián Formoso hizo una invocación, prendió una vela y colocó sobre la mesa piedras de la casa de Gabriela Mistral, junto a fotografías de Salvador Allende, Pablo de Rockha y Violeta Parra a quienes definió como los suicidas del pensamiento crítico de Chile.