Hay que dar un soplo de vida al relato

Por Jaime Piña

 

“En la escritura vale ser auténtico, se va parte de uno en cada texto”. Pensar, hacer anotas y escribir con lápiz y papel, es su manera fiel de traducir lo que brota de su mente.

Tuvo años muy agitados, fue secretaria general de la Sociedad de Escritores de Chile, Sech, en tiempos de verdad intensos. Años después trabajó aprendiendo y enseñado saberes, cuando despertaba Chile a inicios de los 90. Tuvo dos grandes jefas, Leonor Oyarzún y Martita Larraechea, con ellas escribió varios libros para mujeres de escasos recursos en todo Chile, hizo concursos de poesía, cuento, novela y pintura, con jurados de alto nivel, cuando trabajó en Prodemu.

De pequeña sin saber escribir, accionaba obras de teatro, involucrando a sus hermanos actuando, le gustaba jugar a la familia, quizás porque estuvo siempre sola en el campo, es la mayor de una familia que por su hermano Belisario, se acercó a la política, donde aprendió a llevarse bien con los hombres, no así con las mujeres, que le hicieron bullying, desde las Monjas Ursulinas en adelante.

A los quince escribe poesía, su hermano le sacaba los poemas para leerlos y reírse de ellos, ahí pasó a escribir cuentos y novelas, tiene publicadas dos: Recuerdos del olvido –1988– y Camino del alba –1994–. Además de Obsesiones –1999– libro de cuentos.

En ciertos textos está su vida, en otras es ficción, “…hay que dar un soplo de vida al relato, todos los escritores viven y después cuentan”, afirma. En 1972 entra a la Sech, que quiere mucho, se discute, pero tiene grandes amigos. Ahí se encantó con el ¿Quién es quién?, un juego performático de presentación de cada escritor, ante los escritores, cuando invitaba Oreste Plath, quien lo inventó, una vez le dijo: “En quince días más, te tocará leer en el Museo Vicuña Mackenna, tu ¿Quién es quién?”. En una hora el escritor recordaba, lo primero que observó de niño, pasando por el día que se hizo escritor y el presente que se estaba viviendo en ese momento, ahí en el museo.

Tuvo una amistad con María Luisa Bombal, que recuerda con cariño: “Ella llegó de EE.UU. cerca del 72, a Viña donde vivía su madre. Cuando venía a Santiago se alojaba aquí, le gustaba conversar, nos contábamos nuestras vidas, era una amistad de amigas y también literaria”. Isabel estaba recién empezando a escribir novelas y hablaban más de la escritura de María Luisa: “Era el monstruo de la escritura en Chile, siempre me decía, ‘adoro lo que hago, porque me ha costado tanto’, era crítica de no repetir y de la palabra exacta. Cuando le pedían prólogos estaba horas escribiendo un párrafo. Sus novelas me las contaba. La Amortajada es su novela estrella. Siempre estaba muy seria pensando con la vista perdida”. Según Isabel, ella tuvo una vida triste, se casó con un pintor en Argentina, con quien le fue mal y se separó, deambulando en la bohemia porteña. Vuelve a Chile a dispararle a Eulogio Sánchez, cuenta: “Me dijo un día, ‘soñé con Eulogio’, porque el amor de su vida fue él. Tuvo su amorío pero Eulogio andaba con otra y María Luisa se fue a Argentina para olvidarlo, allá lo pasó regio porque era amigo de todos los escritores y músicos, cuando Neruda era el Cónsul, escribían juntos en la cocina de Neruda. Se había separado del pintor en malos términos y su abogado le dijo que anduviera con una pistola, porque los amigos del pintor le podían hacer daño. Un día, en una fiesta le cuentan que Eulogio se había casado, cuando a ella él le dijo, que por estar casado no se podía comprometer con ella, sí se pudo separar para casarse con otra. Eso indignó a María Luisa, se dio cuenta que no la amaba, no pudo más de furia y se vino a Chile, lo esperó que pasara frente al Hotel Crillón, lo llamó, él se dio vuelta y le plantó cinco balazos, dos lo hirieron, no lo mató, pero igual fue a dar a la cárcel. A ella le gustaba el amor, era muy femenina con su chasquillita, era fácil de palabra y tenía buen humor, era muy culta, estudió en París”.

¿Qué aprendió con María Luisa Bombal para su escritura?

– Ella me retaba, me enseñó el amor por escribir bien, nos aveníamos, no nos gustaban las groserías, ni lo pacato.

¿Qué la mueve en su escritura?

– Cuento la historia de alguien, un tiempo escribí algo de realismo en cuentos, lo que viví y sentí, lo que veo de la gente, me gusta retratar y manejar la vida de las personalidades que creo.

Como hermana de Belisario Velasco, ¿se relacionó con la política y eso se reflejó en su escritura?

– Sí, me relacioné con la política, trabajé cuatro años con la señora Leonor y seis con Martita en Prodemu, pero no se reflejó en mi escritura.

¿Qué rescató de la experiencia de los libros que hizo con mujeres de distintas partes de Chile?

– Ahí me salía el feminismo, que la mujer no tenía por qué estar en la cocina o lavando ropa. Buscábamos una mujer que sobresaliera y encontramos verdaderos talentos.