El día de la marmota (o Chile en octubre)

Cualquier análisis que pretenda superar el prurito de la clase política por superar “la crisis” con agendas represivas y acuerdos cupulares que por medio del gatopardismo les permita mantener sus cuotas, y parcelas de poder y privilegios, debe contemplar el mantenimiento generoso y creativo de las movilizaciones sociales.

Por Reynaldo Lacámara y Víctor Sáez


                                          …”La vida no es bella,

                                                        pero es sorprendente”.

                                                                    (Pablo Picasso)

Octubre nos trajo horas, días y semanas que serán muy difíciles de olvidar.  Algunos han asegurado que existe un “antes y un después” para Chile y su gente. Son rostros reconocibles. Durante décadas los hemos visto participar del largo desfile de la autocomplacencia, los cócteles, las giras y de sesudos debates acerca de aquello que “realmente le importa a la gente”. Otros han remarcado su  beatífico estupor ante las alteraciones del orden público por parte de turbas desalmadas y anómicas, dedicadas a destruir y vandalizar (verbo de moda por estos días) la propiedad privada y pública.

En el medio, como siempre, está la gente. Aquellos que tardan más horas que antes en llegar a su trabajo y en regresar a sus hogares, pero que asumen todo aquello como un costo, doloroso sin dudas, pero insustituible a la hora de alcanzar los cambios estructurales que una sociedad como la nuestra, signada por el clasismo, la inequidad, las prebendas del poder, el mercadeo electoral y un largo y secular elenco de abusos e injusticias que parecieran formar parte del ADN nacional.

Por lo mismo, cualquier análisis que pretenda superar el prurito de la clase política por superar “la crisis” con agendas represivas y acuerdos cupulares que por medio del gatopardismo les permita mantener sus cuotas, y parcelas de poder y privilegios, cualquier análisis, decíamos, debe contemplar el mantenimiento generoso y creativo de las movilizaciones sociales, a pesar de la represión brutal del régimen derechista y sus aparatos armados.

Lo anterior con un objetivo basal claro y definitivo: convocar a una Asamblea Constituyente para una nueva Constitución Política.

Este objetivo está claramente ligado a la generación, embrionarias, de nuevas formas orgánicas para un necesario e indispensable Frente Unitario de Acción, alejado y fuera de los acuerdos estructurales de la política cupular y sus mercaderes de turno.

La ciudadanía ha desarrollo en diversos espacios de participación social Cabildos Autoconvocados (más de 1200 hasta el día de hoy), en que ha expresado claramente su rechazo al modelo neoliberal impuesto por la dictadura, el rechazo a la clase política, al gobierno de Piñera y la necesidad urgente de una nueva constitución.

Estamos asistiendo a un quiebre político-social-cultural sin paralelo, que por lo mismo requiere participación activa y permanente de la ciudadanía, para que desde ese nuevo sujeto individual lo colectivo asome con rostro humano, justo y solidario.

De otro modo, lo sabemos bien, este “día de la marmota” seguirá marcando las pesadillas de los poderosos y las esperanzas de los marginados durante un largo tiempo.