Ciudad de fin de los tiempos bajo el sol

Sé que todo ya se ha visto y que esa sentencia es tan antigua como el rey Salomón; las historias abundan, se repiten, se modifican, se cuentan, se olvidan y ya no existen. Por lo tanto, si la novela negra elabora una crítica de la realidad extraliteraria, es decir, pretende inventar ficciones basadas en ella y en sus habitantes itinerantes, la peripecia también es reiterativa y se convierte en un lugar común que identifica, conmueve y apunta con el dedo; entonces, si nos permite conocernos, profundizar en nuestras vidas colonizadas, explotadas, corruptas y tristes, se me ocurre una pregunta que va más allá que la historia misma,  me refiero a la que alude a la forma de ese espejo que nos muestra y señala con crueldad y lucidez.

Ahora, ¿la novela negra permite innovaciones en esa manera de contar? ¿O esa inquietud solo concierne a los escritores y ahuyentaría a los asiduos lectores de este género, que ya con sus obligaciones, aficiones y ocupaciones no tienen la tregua necesaria que  permita sintonizar el dial exacto del autor demandante?

En otras palabras,  ¿el modelo de novela negra permite innovación? ¿Si propone nuevos elementos sigue siendo novela negra? Pero, por otra parte, ¿es eso importante?, es decir, ¿es importante participar de esa clasificación?

¿Es Ciudad de fin de los tiempos una novela negra o, específicamente, es un exponente de la novela neopolicial Latinoamericana? (¿Es esta una pregunta relevante?). Sí, creo que lo es (me refiero a la primera pregunta). En primer lugar, no hay una investigación, sino que hay varias: la de Carlos Aguilera, periodista de El Centinela, que devela una verdad terrible acerca de una refinería de petróleo; la de Lucas, policía que va tras un asesino en serie coleccionista de lenguas; y la del médico Cirilo, que se siente impotente frente a extrañas y letales enfermedades.

En segundo lugar, los investigadores son personas solitarias, acompañados solo circunstancialmente; son seres marginales, idealistas, éticos, incorruptibles; ponen en riesgo sus vidas y si sobreviven, salen  perdiendo, son derrotados por la verdad imponente. El que sobreviva a su investigación no saldrá ileso en su juego contra el poder o la realidad.

En cuanto a si es importante catalogar esta novela como neopolicial, el interrogante plantea que algo desentona bajo el sol y que los modelos del lector deben ser desengrasados, puesto que también hay fragmentos de vidas al margen de las hazañas de los investigadores: Amaya, la encantadora  sirena de boleros; Rosario, la irredenta madame de un prostíbulo de lujo que satisface a los poderosos de la ciudad; Nicanor, un indigente que observa a los atribulados pecadores que visitan la Catedral que él habita; Javier, un niño lustrín abandonado a su suerte. Del mismo modo, Ricardo, John, Irma, Liliana y Bartolomé se expresan en historias que se entrecruzan en el pasado, presente y futuro. Y otras que, al parecer, no tienen puntos de convergencia.

Ciudad de fin de los tiempos es un relato neopolicial, porque nos muestra Latinoamérica en su arcaica  y decadente modernidad y por esa y otras razones es más, porque hay voces, historias que tejen las tramas de sus vidas. ¿Es, entonces, un ensayo acerca de existencias humanas,  acerca de patológicas disociaciones? ¿Es también  una radiografía de los que deambulan por sus días como víctimas de sus vidas o de la de otros? ¿Esas voces plantean una reflexión existencial, culposa, morosa de vivencias de aquellos infelices mortales inmortales? ¿La idea anterior es una pregunta o una afirmación?

Esas voces aflojan el suspenso, pero profundizan las mudas y desesperadas búsquedas de los personajes. ¿Qué se gana y qué se pierde con las historias? Me pregunté en algún momento si no bastaba con la investigación de Carlos Aguilera, si ya no era suficiente la novela desde su mirada (con Quinteros y Puchuncaví podríamos hacer un gran relato, sin necesidad de un corta-lenguas).

Ahora, ¿por qué Jorge Calvo tomó la decisión de diversificar este mundo en más existencias infelices? ¿Para decirnos que al lado de una tribulación hay otra y otra y otra y que al lado de una investigación hay miles de vidas relacionadas y no relacionadas con la pesquisa? ¿Que la investigación es lo más importante para el detective o periodista, pero no lo es para su pareja, vecino, conciudadano o mortal alguno?¿Para señalar que la investigación de un personaje no lo es todo y que las ventanas iluminadas de la noche son más que luces encendidas, son espejos de soledades insondables?

Creo que sí y más;  y que es una novela que señala el poder, la corrupción, la pedofilia, la carroña, pero también el desamparo de personajes secundarios que son protagonistas de sus torpes soledades y que buscan desesperadamente pistas para desentrañar sus propios misterios sobrevivientes, colonizados, recurrentes y olvidados.

Julia Guzmán Watine
Licencia en Literatura
Escritora.