UN LUGAR EN LA CIUDAD

La SECH tuvo un largo peregrinar antes de acceder a un espacio propio, adecuado para los fines que persigue. Desde 1931 a 1961 sus miembros se reunieron en oficinas de la Inspección del Trabajo, del diario El Mercurio, las dependencias de la Universidad de Chile y, luego, una pequeña oficina en calle San Antonio.

El protagonismo de los escritores chilenos llevaba largo tiempo afirmándose; en 1945 Gabriela Mistral le daba al país su primer premio Nobel. Durante ese período sin sede propia, insignes plumas habían pasado por el directorio de la SECH, entre otras Pedro Prado, Marta Brunet, José Santos González Vera, Manuel Rojas, Augusto D’Halmar, Nicanor Parra, Claudio Giaconni, Francisco Coloane.

El mismo año en que asumió el mandatario Jorge Alessandri, 1958, Pablo Neruda tomó el cargo de presidente de la SECH. Los que encabezarían el directorio subsecuente, Rubén Azócar y Esther Matte Alessandri, solicitaron junto a Neruda la adquisición de un inmueble con el jefe de Estado, tío de la escritora, a lo que Jorge Alessandri respondió:
–”Los escritores significan mucho para Chile.(…) Quiero que busquen una casa con biblioteca y salas dignas de ustedes”.
Con la aprobación del recurso, inició una larga búsqueda, que concluyó en el número 7 de la calle Simpson.

“Escritores comerán en casa propia” ”Se inauguró el 9 de diciembre. Después de un acto en el Salón de Honor de la Universidad de Chile, en que se evocó la Sociedad Literaria de Lastarria en 1841, los escritores dieron una gran fiesta en su nueva casa. Duró hasta las 3 de la madrugada: hubo hasta números de guitarra, ejecutados por doña Isabel Soro, hermana de Enrique Soro, que salió de su retiro para festejar el acontecimiento fausto para los escritores de Chile.” Revista Ercilla, 20 de diciembre de 1961

MONUMENTO HISTÓRICO

La casa presentaba entonces los mismos atractivos que subsisten hoy, gracias a su albañilería en ladrillo reforzada: una fachada en con personalidad propia y gárgolas guardianas; una relación con la calle a través de balcones y terrazas; una cochera, que señala la época urbana; en el primer piso, presididos por un gran vitral art nouveau, espacios interiores públicos con detalles elaborados, propicios a las artes; en el segundo piso, espacios de intimidad, y un altillo (actual sala Manuel Rojas), con terraza.

Construida en 1927 por el arquitecto Arquitecto Julio Machicao Fuentes, a solicitud del empresario austriaco Enrique Schiffrin, para su familia, la casa responde al estilo de Arquitectura Nacionalista.

Según algunas versiones Neruda habría “descubierto” la casa en sus paseos urbanos. Sin embargo, la escritora Virginia Vidal señala que Neruda habría sido invitado por Azócar a conocerla, y la gestión que efectivamente realizó fue la transformación del área de estacionamiento en una taberna, como espacio recreativo y de tertulia para los escritores, con el apoyo de la embajada de México, la cual donó el mobiliario y la vajilla, y dio origen al nombre de este espacio: Refugio López Velarde. (Mira este link)

Este recinto fungió efectivamente como refugio durante la dictadura militar y nunca fue allanado, manteniéndose como espacio de reunión aún después del toque de queda, “hasta que las venas no ardan”, como lo relata el poeta Álvaro Ruiz en su charla La cofradía de los botones negros. (Mira este link)

A iniciativa de la escritora Virginia Vidal y del poeta César Millahueique, encargado del área de Patrimonio Cultural Indígena del Consejo de Monumentos Nacionales (CMN), la Casa fue revalorada en sus aspectos arquitectónicos y sociales, siendo objeto de estudio arquitectónico de Patricio Basáez junto a las investigadoras Pilar Castellón y Alicia Campos, quienes contribuyeron a preparar el expediente para la declaratoria de protección del edificio de la SECH. (Mira este link)

Asimismo las arquitectas Pamela Diaz y Alicia Prado realizaron su tesis sobre los vitrales.

Es así que en 2009, bajo el mandato de Michelle Bachelet, la Casa del Escritor fue declarada Monumento Histórico, como consta en el documento del decreto (Mira el documento aquí)

Hoy, la Casa del Escritor es un lugar vivo en el que realizan día a día talleres, charlas, presentaciones, entre otras actividades. Cuenta con un pequeño recinto dedicado a la memoria de la escritora Teresa Hamel, y una serie de salas y espacios de uso múltiple que pueden albergar eventos y exposiciones.