Profanaciones

Profanaciones (Profanazioni, 2005), Giorgio Agambem

Traducción: Flavia Costa y Edgardo Castro

Adriana Hidalgo Editora, Argentina

Roberto Rivera Vicencio

 

El hilo conductor de “Profanaciones” – esta reunión de breves ensayos – se inicia con “Genius” el dios o ángel al cual somos encomendados al tomar nuestro primer aire y que, además de cuidar de nosotros como antena de presentimientos, sabe empujarnos y encontrar satisfacción a nuestros caprichos. Su felicidad es la nuestra propia, porque defraudar al propio genio, significa entristecerse la vida. Si bien parece identificarse con nosotros, es sólo para revelarse luego como más que nosotros. El ser individuado no lo está enteramente, sino que contiene una cierta carga de realidad no individuada que es preciso no solamente conservar sino incluso respetar. Genius, en lo profundo donde nos habita reside los más propio y los más extraño e impersonal, lo más vecino y lo más remoto e inmanejable.

“Magia y Felicidad” Quien se da cuenta que está siendo feliz, ya ha dejado de serlo. Así, la felicidad tiene con su sujeto una relación paradójica. Aquel que es feliz no puede saber que lo está siendo, sino que ella nos espera sólo en el punto en el cual no nos estaba destinada, en el que no era para nosotros, es decir, por arte de magia.

Así prosigue Agambem con “El día del juicio” ¿Cómo nos encontraría ese improbable día?

Los teólogos cristianos se preguntaban, sin encontrar respuesta, si el cuerpo resucitaría en las condiciones en que se encontraba al momento de su muerte, quizá viejo, calvo, sin una pierna, o en la integridad de su juventud. Orígenes encontró una salida, lo que renacerá no será el cuerpo, sino su figura, su eîdos. La fotografía es, – dice Agambem- en este sentido, una profecía del cuerpo glorioso.

“Los ayudantes” esas figuras literarias que son el sostén de la trama, siempre dispuestos a prestar su concurso. Más inteligentes y dotados que otros, siempre absortos en fantasías y proyectos para los cuales parecen tener todas las cualidades, no logran, sin embargo, terminar nada y se quedan generalmente sin obra. El ayudante es la figura de lo que se pierde.

“Parodia” un ensayo exquisito que remite a la “Poética” de Escalígero de finales del S. XVI “Así como sátira deriva de la Tragedia y el Mimo de la Comedia, la Parodia deriva de la Rapsodia”. Cuando los juglares interrumpían si recitación, entraban en escena aquellos que, por amor al juego y para reanimar el ánimo de quienes los estaban escuchando, invertían y trastocaban todo lo que los había precedido, porque junto a un argumento serio insertaban otras cosas ridículas. La Parodia es así una Rapsodia invertida que transpone el sentido en ridículo cambiando las palabras. El mundo clásico en todo caso conocía una acepción distinta, que la refería a la esfera de la técnica musical. Indica una separación entre canto y palabra. La melodía originalmente debía corresponder al ritmo de la palabra.

“El autor como gesto” brillante ensayo en el cual, basándose en ¿Qué es un autor? De Michel Foucault, quien indirectamente formula, la indiferencia respecto al autor como lema o principio fundamental de la ética de la escritura contemporánea, y sugiere que, no es tanto la expresión de un sujeto, como la apertura de un espacio en el cual el sujeto que escribe no termina de desaparecer: “La marca del autor está sólo en la singularidad de su ausencia” Define el estatuto y el régimen de circulación dentro de una sociedad. La función-autor caracteriza el modo de existencia, de circulación y de funcionamiento de determinados discursos dentro de una sociedad. Acorde sería el principio a través del cual se obstaculiza la libre circulación, la libre manipulación, la libre composición descomposición y recomposición de la ficción”

En “Elogio de la profanación” desde el análisis de lo sagrado, del término religio que, no deriva como se cree de religare (Lo que une y liga lo humano y lo divino) sino de relegere que indica la actitud escrupulosa y de atención que debe imprimirse a las relaciones con los dioses, luego deriva al juego, esfera estrechamente conectada a lo sagrado, ya que los juegos vienen de antiguas ceremonias sagradas. La potencia del acto sagrado reside en la conjunción del mito que cuenta la historia y del rito que la reproduce y la pone en escena. Pero ahora bien, el juego como órgano de profanación está en decadencia. La profanación implica una neutralización de aquello que profana, lo que era indisponible y separado pierde su aura y es restituido al uso. Es una operación política.

Sagrado y profano representan así, en la máquina del sacrificio, un sistema de dos polos, en los cuales un significante flotante transita de un ámbito al otro sin dejar de referirse al mismo objeto. Luego apoyándose en Benjamin, expresa, que el capitalismo no representa sólo una secularización de la fe protestante, sino que es él mismo esencialmente un fenómeno religioso, que se desarrolla en modo parasitario a partir del cristianismo. “Es una religión cultural, cuyo culto es permanente ya que los días de fiesta o de vacaciones no interrumpen el culto, culto que no está dirigido a la redención ni a la expiación de una culpa, sino a la culpa misma…Una monstruosa conciencia culpable que no conoce redención se transforma en culto, no para expiar en él su culpa, sino para volverla universal…y para capturar finalmente al propio Dios en la culpa…Dios no ha muerto, sino que ha sido incorporado en el destino del hombre”.

Notable también en “Desear” “El ser especial” y “Los seis minutos más bellos de la historia del cine”.

Roberto Rivera Vicencio, Santiago, 1950. Ha publicado el libro de cuentos “Santos de mi devoción” (Simplemente Editores, 2010); la novela “Piedra azul”, (2001, Bravo y Allende); la novela “A fuego eterno condenados” (Editorial Balandro, 1994); “La pradera ortopédica” (Ediciones Cerro Huelén, 1986).