Música, novela de Yukio Mishima

Música, del reconocido escritor japonés Yukio Mishima, es una novela que escapa del mundo novelesco propiamente tal, tras aventurarse en una descripción detallada del psicoanálisis. Terapia, por cierto, más cercana en apariencia al quehacer científico que al literario. Y digo en apariencia, porque el desarrollo terminará por convencernos de algo que los lectores de buenas novelas siempre hemos sabido, intuido o pensado, pero rara vez expresado: todo buen relato produce y contiene sesiones terapéuticas, toda vez que introduce al lector en el alma de los personajes recreados, participando de sus enfermedades y curaciones.

Un psicoanalista nos cuenta de primera mano la experiencia vivida con Reiko, una paciente enigmática a juicio del terapeuta. Padece una patología que le impide la felicidad, el placer físico, propio y natural en una joven. La terapia practicada por el psicoanalista, conseguirá finalmente liberarla de aquel estado de histeria y frigidez, no sin antes pasar por muchas etapas conflictivas, de avances y retrocesos. Reiko, joven y bella, perteneciente a una familia acomodada de provincia, acusa trastornos a causa de -según ella misma expone- haber vivido episodios sexuales traumáticos en su niñez y en su más temprana juventud. Una experiencia por cierto nada tan fuera de lo común, porque tampoco ha vivido experiencias de violación despiadada ni mucho menos. Lo que escapa de lo común, no es ella ni su experiencia, sino la exposición del proceso psicoanalítico practicado por el terapeuta. Ahí radica el mayor interés del asunto, de ahí surgen las preguntas que toda obra artística formula en sordina.

La narración responde al tradicional estilo oriental conocido hasta hace algunos años, cuando la brevedad impresionaba a occidente, sin extenderse en las parrafadas en que ha devenido la novela japonesa en las últimas décadas, buscando la mera entretención de una sociedad cada vez más estresada, emulando los formatos de la novela europea y norteamericana. Estoy pensando, indudablemente, en autores como Murakami y su generación. La narración de Mishima, en cambio, precisa y concluyente, no derrama párrafos ni capítulos demás a fin de engrosar el libro. Cumple su objetivo y cierra su ciclo sin dilatarse inoficiosamente.

La articulación de la terapia psicoanalítica desarrollada por Mishima sorprende al lector por su eficacia, y puede resumirse con las palabras concluyentes del terapeuta: “la mente humana es extraña, y aún repleta de aspectos opuestos y contrastados, por si misma tiende siempre al orden. Si no existiera este deseo de orden, no podríamos hablar de conflictos ni de neurosis.” Es decir, se le concede la gracia de curarse a sí misma, después de pulsar algunas notas, mediante la práctica psicoanalítica.

 

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Diciembre del 2017.-