Maternaje y Abuelitud

Hubiera sido uno de los títulos posibles a esta aventura literaria.

Su autora, líder indiscutible en inquietudes sociales, culturales y literarias, nos trae este libro estructurado exteriormente, no en capítulos como dicta la convención, sino en diagramas, 11 diagramas en192 páginas, es decir, a partir de la forma de concebir exteriormente contraviene y desafía la norma, lo cual prosigue al adentrarnos en un exquisito prólogo que se transforma una trampa para la autora y para el lector, dándonos vuelta la ficción para sumirse en el espíritu del narrador que concibe la obra, no el autor, sino su narrador, sus motivaciones…Soy una tejedora –dice- una contadora de historias que se gana la vida como médico. Soy un poco la vieja de la tribu que adopta y ejerce el “maternaje” y  la “ abuelitud” …soy…insiste, básicamente pueblerina, necesito estar en contacto con el verde y oler el aire, la lluvia, ver el río…

Y esta imagen caracteriza muy bien a la narradora que concibe este libro, sin decirlo dice, el carácter sagrado de ambos oficios, el de tejedora y el de escritora, hoy desnaturalizados por modernidades y profesionalismos que desvirtúan su carácter formador, su carácter alquímico, el arte real que encierran ambos oficios y el genio, genius y juno que media entre el autor y su satisfacción, todo en un cuenco que amalgama la materia creadora…

“Tejiendo historias” fue un volumen de cuentos de la escritora Sonia González publicado por Ergosum de Pía Barros, en el cual alteraba el sentido o contravenía el sentido de la mujer ante ese material, supuestamente subalterno, para volverlo enhebrador de concepciones y del papel de lo femenino y la mujer en este cambio revolucionario.

Para el caso hay un espacio ya ganado, entre  “Tejiendo historias” de Sonia González y este libro de Laura Caballero, la realidad ya es otra, el tiempo y la mujer ha hecho su trabajo, y puede desde el sentido original, sagrado del tejido estructurar una narrativa, generar relatos y sus voces y espacios desde cuales se habla como una realidad obtenida.

Los antiguos no se equivocaban en esto, por ello los pueblos andinos celebraban con danzas y expresiones coreográficas para representar a sus hilanderas y tejedores, Incas, aymarás y Kollas, la sagrada labor de obtener las lanas, hilarlas en el uso, teñirlas y dar forma al trabajo humano como una magia, en la cual se incrustaban mensajes de color y formas de los cuales hemos perdido sus significados, pero allí, en esos paños, estaba tejida su historia, su mágico cotidiano. Así como ahora hace Laura Caballero desde el tejido social chileno, recoger las historias de nuestro Chile, de sus mujeres, las que hicieron nuestra América y Chile, articulando familias y descendencias, en tanto los soldados colonizadores dejaban una estela de huachas y huachos, mestizaje cuya dignidad lo llevó a articularse como país nación con sus etnias y sus contradicciones, en esta franja de tierra que ya dio en este arte de la poesía dos premios nóveles, porque la narrativa, el cuento el relato es el la más compleja y difícil de las poesías, porque no lo es y debe serlo, por ello, maternaje y abuelitud dan cuenta de esa invención, de su dificultad y del sentido metafórico de sus mensajes…

Vinka, hija de exiliados y aburrida de esos monotemas, Begoña y Mané, las mujeres de hoy haciendo su nueva forma de concebir la vida, desde la libertad interior y exterior, Brunilda, la sirvienta rescatada por las tejedoras de historias y porqué no, por los tiempos también que integran a la mujer en su devenir y desarrollo, cada cual desde su tejido armará su historia, comprenderá su relación con el mundo, saldrá adelante en un mundo de hombres solos, a los cuales ya no consuela ni el fútbol ni el bar, sino el poder omnívoro de quienes ya no les importa entender donde se encuentran sino, como el conquistador, el combate, salir a ganar el mundo en tanto los derrotados se hunden en la lástima.

Historias de vida

No hace mucho entré a un café en Vicuña Mackenna y me encontré con un grupo de hombres jóvenes que tejían, eran seis u ocho que entorno de una gran mesa cada cual con su tejido tomaba té y conversaban, tal vez recuperaban lo perdido por nuestros ancestros muchos de ellos tejedores varones también

Pero estas mujeres modernas que enhebran y moldean su destino, a la vez buscan caminos y expresión sin perder su carácter articulador social, su humanidad, la compasión y la clemencia.

Hay perros piratas uno y dos, original y recogido y una atractiva historia a proseguir como la de la perra negra que se aparece de entre las buganvilias.

Modernas lelas que las dejaran “lelas” también a las protagonistas, todas de un pueblo cercano a Santiago y Valparaíso, donde el encuentro con la naturaleza y el mundo familiar será la cohesión de la cual emergerán para ser otras, o las mismas pero con otros ojos para mirar y otro cuerpo para disfrutar

Vinka la escritora que tiene éxito inicial y ahora termina una segunda novela, ésta misma que tenemos en la mano será su producto como narradora de sus historias de vida, entre Alex y Javier, dos sonámbulos en un sueño de mujer.

Roberto Rivera Vicencio