Lucía Guerra: sobre “Un ángel de abrigo azul”

Un ángel de abrigo azul. Poli Délano.

Santiago: Ceibo Editores, 2016.

 

Lucía Guerra

A primera vista, Un ángel de abrigo azul ofrece una visión testimonial de Chile en el período comprendido entre 1954 y 1968—época de gestación de un movimiento de izquierda que culminaría con el ascenso a la presidencia de Salvador Allende. Testimonio en el cual se incluye parte de la trama biográfica del autor. Sin embargo, en “lo real histórico”, se entreteje la ficción en un caudal narrativo de dos aguas que desestabiliza la separación tradicional entre ambas categorías. Resulta así una novela donde algunos personajes son claramente identificados (Rubén Azócar, Roberto Falabella, Jorge Teillier) mientras otros se presentan en clave (Enrique Lihn como Quique Lizama, Poli Délano como Manuel).

Dentro del valioso caudal histórico que ofrece esta novela, se destaca la figura del intelectual de la época—radicalmente diferente al de nuestros días aislado en su computadora y en un entorno histórico marcado por lo que Lyotard llamara la muerte de las meta-narrativas que, en la década de los sesenta, constituyeran sólidos horizontes ideológicos antes del predominio de la globalización y la economía neo-liberal. Las tertulias en casa de Rubén Azócar y Roberto Falabella son los centros de sociabilidad donde el diálogo intelectual y artístico se combina con la amistad y los placeres del comer y el beber. En un mundo dividido por la Guerra Fría, el compromiso político, íntimamente ligado al quehacer artístico, es, en muchos sentidos, “una razón de ser” y parte integral de la identidad del sujeto intelectual, como postulara Gramsci. En Un ángel de abrigo azul, escritores y estudiantes manifiestan su conciencia política participando en manifestaciones callejeras, pegando carteles en las murallas e incluso visitando las poblaciones en un devenir histórico en el cual se une la élite letrada con los trabajadores. (“Estudiantes con obreros defendemos el puchero”).

Como trasfondo, se da en esta novela, una interesante recreación de los espacios de la época: Cartagena, Lautaro, Chiloé, la cartografía del Santiago que fue y sus lugares de encuentro (La Piojera, Las Tejas, el City Bar) en un ambiente cultural de películas, tangos y boleros que ponen de manifiesto lo que, en aquellos años, se llamaba “la sensibilidad de la época” invadida ya por los medios de comunicación masiva. Santiago es el escenario de la historia y como tal, cambia constantemente: de la ciudad sitiada por la represión del gobierno de Ibáñez al campo de batalla en las manifestaciones política del 2 de abril de 1957, de la ciudad que invisibiliza las periferias urbanas creadas por la injusticia social a la toma de terrenos que diera origen a la creación de la emblemática población La Victoria.

Desviándose de las riberas del testimonio histórico, Poli Délano infunde en dicho ámbito, la escritura de ficción creando una novela que tiene como personaje central a Jorge Teillier. Se narran así sus primeros años en Santiago, como estudiante del Instituto Pedagógico—verdadero enclave cultural y político de la época. Es, sin duda, relevante la caracterización de Teillier anclada tanto en su poesía como en elementos biográficos que ponen de manifiesto su nostalgia por la aldea, su relación con su primera esposa Priscilla, su espiritualidad en un mundo pragmático. Y es desde la ficción que Poli Délano entrega, de una manera metafórica, la fe que Jorge Teillier (“el ángel) tenía en el amor. Víctima del terremoto de 1960, entre las ruinas de una ciudad devastada, lo encuentra Nora, el ángel de abrigo azul, cuyo diario en contrapunto con la narración principal pone en evidencia su amor secreto, desde la adolescencia, hacia el poeta.

La novela nos entrega así un mensaje que, en el contexto de desastres naturales, como el terremoto de 1960, y desastres políticos como la feroz dictadura militar arroja una luz positiva en un presente signado por la despersonalización y valores degradados.

Lucía Guerra, crítica y escritora chilena.
Libros de crítica: La narrativa de María Luisa Bombal, Mujer y escritura: Fundamentos teóricos de la crítica feminista, Texto e ideología en la narrativa chilena, La mujer fragmentada: Historias de un signo (Premio Casa de las Américas 1994) y La ciudad ajena: Subjetividades de origen mapuche en el espacio urbano (premio Casa de las Américas, 2013). Es autora de los siguientes textos de ficción: Más allá de las máscaras, Frutos extraños (Premio Letras de Oro, 1991 y Premio Municipal de Literatura en Chile, 1992), Muñeca brava, Los dominios ocultos y Las noches de Carmen Miranda.
Sus textos han sido traducidos al inglés, alemán, italiano, portugués y sueco.