Los desafíos actuales del escritor

“La Sociedad de Escritores cierra filas y abre sus puertas, llamando al escritor a perseverar creando”                                

Una nueva directiva asume en la Sociedad de Escritores de Chile fundada en 1931, cuando los índices de lectura y comprensión lectora siguen bajando y el papel del escritor en la sociedad sigue sufriendo, revés tras revés, una verdadera demolición de su imagen e importancia, desde la refundación del país en los inicios de la dictadura cívico-militar, y luego perfeccionado con su omisión e invisibilidad en los medios de comunicación con el advenimiento sin reservas del Libre Mercado que culmina con la imagen del inmaculado hielo antártico con que Chile quiso simbolizarse en España en los inicios de los gobiernos post dictadura.

Se puede argüir en parte el fenómeno a la televisión, a la irrupción luego de las nuevas tecnologías, lo cual es cierto, nacen nuevas formas y medios de comunicación, etc. lo cual arrastra sin duda, al creador, pero todo esto es sólo una parte de la explicación del fenómeno. La otra parte que lo explica, la parte oculta del iceberg, sumergida en las profundas aguas del poder y su ejercicio de imponer concepciones, temas, visiones, percepciones, etc. en una suerte de “sentido común” que se presume compartido por la comunidad y que a la vez, ignora, invisibilidad, encubre, suprime, denosta, etc. de manera cotidiana, imperceptible y natural a quienes, o lo que estima que merecen esta omisión. Es en esta suerte que, el papel, el lugar del escritor en la sociedad no es que haya perdido pie y haya caído, sino directamente se ha desbarrancado, por diversos argumentos y motivos además de los ya enunciados, y hoy lo encontramos a hurtadillas aspirando a la beca estatal, haciendo tiempo para escribir en oficios de los que vive (o muere) que poco o nada tienen que ver con su especificidad de escritor, lo cual no sería tan grave, si el sistema en su psicosis de rentabilidad no lo arrojara cada día estresado y exhausto a tomar aliento para volver mañana.

Roberto-Rivera

Los premios literarios reducidos en cantidad y calidad no dan pie a una competencia que generaba ingresos y reconocimiento. Cada empresa o municipio que se reconocía como tal destinaba un presupuesto a este modo de convivencia y permeabilidad, las autoridades de la Nación en cada viaje se hacían acompañar de poetas y narradores, el servicio exterior les entregaba algunas representaciones, consulados, agregadurías, como una manera de vincular a nuestros escritores a los centros culturales y asegurarles además un ingreso regular. Nada de eso ocurre hoy, y la industria de la imagen, si bien absorbe a algunos escritores, termina desdibujando y deteriorando en parte su talento así como la publicidad. Se suma a este panorama el escaso interés de la Academia por estudiar e investigar a los ya no tan nuevos autores de los setenta en adelante, salvo los excepcionales casos, y el trabajo editorial se encuentra reducido al best seller y al fenómeno del momento de corta duración.

Toda esta suma de causas implica un tremendo desafío al escritor actual , que debe recurrir día a día a cientos de estrategias de subsistencia y picardías para estar y existir como tal, en pequeños círculos y talleres, tratando con pequeñas editoriales de autoedición, una clase por allí y otra por acá, en una política de resistencia ante un sistema que lo niega y a la vez le copa todos los espacios y el espectro con un rasero de consumo y banalidad general.

Por eso la Sociedad de Escritores de Chile, cierra filas y abre sus puertas, llamando al escritor a perseverar creando y abriendo espacios de difusión y conversación, a esmerarse en formar talleres de biografía, cuento, micro cuento y poesía, novela y lectura, para toda condición, niños, jóvenes y adulto mayor, a empujar una reforma educacional que contemple el regreso de la literatura a la sala de clases, en recuperar la meditación que brinda el libro, al diálogo con sus personajes y sus mundos, a cuando nuestros poetas habitaban con su poesía el hogar y en el colegio recitábamos desde Jorge Manrique hasta Carlos Pezoa Véliz y Víctor Domingo Silva también.

Pareciera que partiendo desde aquí pudiéramos comenzar a alterar esta lógica implacable para volver a ocupar páginas de reseñas y críticas, volver a las bellas y numerosas ediciones y reimpresiones, a un lector que para sumergirse en la lectura olvida su celular, que en vez de sólo “emprender” decide leer, que en el mall lo más importante sea la biblioteca y el café, y en la plaza los muchachos detienen riendo un segundo la pichanga porque recuerdan una frase de “El Quijote”, y el anciano se deleita en su banco con “El otro” de Borges, el mismo, preguntándose por qué la TV no dedica esos espacios de tontera banal y reality a comentar libros y cine, a recomendar un cuadro que lo ha emocionado como hace Harold Bloom con “El castigo de Marsias” del Tiziano.

Roberto Rivera Vicencio
Presidente
Sociedad de Escritores de Chile

2 comentarios sobre “Los desafíos actuales del escritor

  • el 11 Agosto, 2016 a las 12:54 am
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    Plenamente de acuerdo con usted en la descripción de esta penosa realidad, don Roberto.
    Sólo se me ocurre decirle: ¡No afloje, compañero!

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  • el 15 Agosto, 2016 a las 12:38 am
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    Estimado Sr. Rivera. Agradezco sinceramente sus palabras que acusan sin lugar a duda, con la necesaria gravedad la gravedad, (valga especialmente esta redundancia) de la situación de la palabra, tanto escrita como hablada. Desde el mismísimo enclave de ésta, en el pie de la tercera circunvolución frontal izquierda, adquisición y conquista de nuestra estirpe humana a través de tantísimos miles de años, es que clama la sustancia gris por retomar su rol de munificente mediador para el entendimiento de las personas y los pueblos. Sin embargo, su sordo clamor es acallado por la algarabía de lo que usted bien describe como “aquel rasero de consumo y banalidad general”. Esta gravedad, que los médicos bien conocemos, significa la incapacidad temporal o aún, permanente de la palabra para desempeñarse en su rol de concepción de ideas, de conceptualización elevada más allá de la mera percepción visual y auditiva, siendo su rol hipotecado por la destructiva y corrosiva lava del chateo inmisericorde que se hace pasar por comunicación. Pese a ello,una vez más la culpa no es del chancho, sino de quien le da el afrecho. Personalmente creo que no todo está perdido, porque detrás de cada acción hay una reacción y existen celosas leyes naturales que gobiernan designios superiores, contra los que ninguna fuerza artificial ni artificiosa podrá batirse. Creo que escribir, recrear el maravilloso universo de la conciencia experiencial de ser, de nuestra efímera pero al mismo tiempo trascendente existencia quedará como testimonio, cual estrella fugaz, de nuestra presencia en esta dimensión. Lo anterior es especialmente cierto y significativo para el escritor, pues él, grávido de palabras incontenibles, da a luz su mensaje como un verdadero alumbramiento que formará parte de su legado, mínimo, modesto o magnánimo para sus semejantes. Chile, país pequeño y longilíneo ha parido numerosos autores de gran renombre, conocidos por la calidad de su pluma y no por los artilugios de maquinarias editoriales, publicitarias ni administradoras de recursos públicos o privados que pretenden manejar a su arbitrio y en forma impropia el destino de la palabra. Las letras no dan pan, pero sí gloria y honor que perdura en el tiempo y ese es el destino final de todo quien se juega en la aventura de hacer de la palabra su vida.
    Saludos y gracias
    Francisco Pérez Godoy

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