Jackie

Jackie, 2016, Pablo Larraín

Anibal Ricci

«Perdí el camino en alguna parte… lo que fue real… lo que fue performance», dice Jackie en un momento de debilidad. La cinta de Larraín se aferra a la puesta en escena, otorgando una visualidad muy acorde a la determinación que evidenció la viuda de Kennedy durante los preparativos del funeral. Plantea varias versiones de la realidad: La primera es una visita guiada a través de la Casa Blanca, visión mediada por el lente de la televisión que muestra a una mujer de la aristocracia neoyorquina, algo estirada y en cierto modo vacía. La segunda mirada resulta de una entrevista dada a la revista Life, al otro lado de una amplia mesa, donde la distancia a la que sitúa al periodista establece una realidad distinta que Jackie ofrece a la prensa. Una tercera versión surge de las conversaciones con el sacerdote, esta vez caminando entre los árboles, enfrentada de perfil para confesarle que ella siempre buscó la figuración pública. Entendemos la entereza con que enfrentó al mundo, intentando mediante la procesión una puesta en escena digna de un ex presidente de los Estados Unidos, algo que establece un nuevo nivel de realidad para la opinión pública. Larraín nos muestra una Jackie manipuladora que se pasea con su traje ensangrentado por unas habitaciones enormes en tiros propios de las películas de terror. Las imágenes son eficientes en recrear un espectáculo donde incluso sus hijos tienen cabida, a pesar de parecer una madre distante con ellos. Este discurso performático contamina el legado político de su marido, incluso Bobby Kennedy da cuenta de que sus logros no estuvieron a la altura. Insinúa que su gobierno fue más de formas que de fondo, donde Jackie contribuyó a darle coherencia estética. Es cierto que lo del musical de Camelot fue un tema de la entrevista a Life, pero centrarse en aquello le confiere algo muy pretencioso y de mal gusto a la totalidad del visionado, rebajando la dramatización propuesta por la protagonista. No se entiende si busca engrandecer la figura de Jackie o simplemente establecer una oscura superficialidad en su actuar. Esa dicotomía no deja de ser interesante, aunque la película afloja mucho en ese siútico remate.

Aníbal Ricci Anduaga, Santiago, 1968. Narrador y crítico de cine. Ha publicado “Fear” (2007), “Sin besos en la boca” (2008), “Tan lejos. Tan cerca” (2011), “Meditaciones de los jueves” (2013), “El rincón más lejano” (2013), “Siempre me roban el reloj” (2014), “Reflexiones de la imagen” (2014), “El martirio de los días y las noches” (2015), “El pasado nunca termina de ocurrir” (2015). Realiza crítica de cine en radio El Canelo y comentario de libros en escritores.cl y letrasdechile.cl, además de colaboraciones en la página de la Sociedad de Escritores de Chile. Es encargado de cultura de la revista digital dilemas.cl