Guadalupe Santa Cruz: “Ella insiste en privilegiar la creación de un modo de escribir”

Así se recuerda su obra a más de dos años de su partida, la que deja el vacío de una huella destacada e imborrable que recuerdan quienes la conocieron su valioso aporte a la literatura nacional y, también, al feminismo chileno.

Agosto, 2017.- “Guadalupe Santa Cruz, que tanta falta nos hace”. Así se le recuerda a la destacada escritora chilena, nacida en New Jersey en 1952, en las palabras de la académica Cecilia Sánchez, quien destacó su peculiar forma de encarar la escritura, en la presentación de “Una Memoria son testamento”. obra editada por LOM. La Subsecretaria del Consejo de las Artes y de la  Cultura, Lilia Concha, comentó que “con su obra trazó mucho de la identidad literaria de nuestro país y sobre todo de su fuerza femenina”, cuando en enero de 2015 falleció.

Esta destacada narradora nacional nos dejó una fructífera obra antes de partir, la que se resume en un total de 11 obras, las mayoría de las cuales tuvo una destacada acogida por parte de la exigua crítica literaria nacional.

“La escritura de Guadalupe Santa Cruz deja correr al animal del lenguaje y la intensidad de la propia ausencia por venir que es “Esta parcela”. Jalada por las letras y por el amplificado sonido de un frágil y último impulso, arrastra la mano y solicita la voz ante el tiempo como “vibración en la oscuridad”. Ensaya el propósito de la recordación, atrapada en el remolino de un tránsito áspero que ha comenzado a ser extinción de lo propio. Un deseo de escritura, entre lo eterno y lo caduco, que no es sino colmarse de incertidumbre y, como si poetizara el límite del súbito y lento acomodo de todos los entres y superficies que somos, deambula por la página y vuelve a la escritura. Pasmo, rapto, ruptura, aliento, potencia que entierra un ciruelo, único árbol de hojas no perennes, para abrir espacio a lo que termina. Retirarse de sí, exhibir para retrasar el apremio de lo apremiante, cuando el cuerpo -harnero, rebalse permeado y en estado de amenaza- está alerta frente a un antes enorme y a un después exiguo”, consignó El Mostrador + Ciudad + Cultura sobre su libro póstumo Esta Parcela (2015)

En tanto, el diario “La Epoca” del 2 de noviembre 1997 recibió de esta manera su novela “El contagio”: “Es notable, en este contexto, lo que sucede con la escritura de Guadalupe Santa Cruz, en sus tres novelas: Salir (1989), Cita capital (1992) y esta última El contagio (1997). Notable porque ella insiste en privilegiar la creación de ‘un modo de escribir’ -como Antonio Gil, Damela Eltit, Pedro Lemebel, Roberto Bolaño-, en un momento cultural donde la mayoría de los autores se conforman con mantener el statu quo del realismo en sus variantes mágicas o urbanas. Guadalupe Santa Cruz me parece predispuesta a la gestación de una poética de fin de siglo: intersección de universos literarios como el de Juan Emar, Clarice Lispector o Marguerite Duras, con universos cotidianos como el de las relaciones de poder en una institución hospitalaria de Santiago de Chile, el habla de las mujeres, la tragedia histórica del país, la voz de un cuerpo maltratado”.

 

Una vida llena de vida

Estas y otras razones llevaron a la prensa nacional a calificar su fallecimiento como una “nueva pérdida” de la literatura y el arte en Chile, destacándose que la escritora y académica desarrolló temáticas sobre la memoria, el viaje, la identidad y el desarraigo. Estudió filosofía en la U. Católica. Luego del golpe de Estado de 1973, fue detenida y expulsada de Chile. Vivió  exiliada 10 años en Lieja, Bélgica, donde estudió grabado en la Academia de Bellas Artes y se licenció en Formación de Adultos y Educación Permanente en la Universidad de Lieja. Tras su retorno a Chile, animó talleres de territorialidad con sindicatos y de liderazgo de mujeres  dirigentas sociales, centrados en la oratoria y la construcción de discursos.

Fue autora de las novelas Salir (Cuarto Propio, 1989), Cita Capital (Cuarto Propio, 1992), El Contagio (Cuarto Propio, 1997) y Los Conversos (LOM, 2001), así como co-autora y co-editora de libros en torno al género y la ciudadanía –Samaritanas, mediadoras y guardianas (Instituto de la Mujer, 1996), A contramano (Instituto de la Mujer, 1997), entre otros–, la ciudad, la memoria y los imaginarios urbanos (Territorios sin medida, Universidad ARCIS, en prensa), así como de numerosos ensayos y artículos en publicaciones culturales y académicas.

En el 2000 y 2001 realizó una muestra plástica, “Crujía”, instalada en diversos espacios de Santiago.