Discurso: Día Internacional de la Mujer

AUTORIDADES PRESENTES:

La Filial Ñuble de la Sociedad de Escritores de Chile, se honra y enorgullece al estar celebrando su primera actividad pública en Chillán, en el entorno de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer.

Simbolizará esto, la fecunda comunión entre la actitud creadora de la palabra, y la sublime y multiplicadora imagen con que la mujer sintetiza los más altos anhelos de la vida y la plenitud humanas.

Representará para el inicio de nuestra historia institucional, también la decisión épica de desafiar el silencio, proclamar a la belleza como necesidad del espíritu y convocar las verdades compartidas en que nos reconocemos como elementos de trascendencia,  signos activos de libertad, instrumentos de justicia, y defensores de derechos universales.

Para nosotros este día 8 de marzo, no representa uno más de los tantos rituales con que suele entretenerse a una sociedad que pareciera, por momentos, vivir la permanente alegoría de una felicidad artificial, sino la evocación de los  hechos de la historia en los cuales se inscribe un camino de emancipación que tarde o temprano habrá de curar las heridas con que la mujer universalmente ha sido sometida, postergada, invisibilizada e ignorada por los egoísmos del poder en todas sus dimensiones de dominación, entre ellos el trabajo. Porque un 8 de marzo, en el año 1908, precisamente entre las luchas heroicas en pos de la igualdad y los derechos sindicales,  más de un centenar de mujeres en los EE. UU (130 exactamente), fueron quemadas vivas en la fábrica Cotton de Nueva York, cuando aún uno de sus anhelos era la reducción a 10  sus horas diarias de trabajo, con condiciones mejoradas para ejercer sus empleos y conseguir el acceso a un salario igual al que percibían los hombres. Este episodio tristemente sangriento y los sucesivos hechos que se desencadenaron en consecuencia, son los que inspiran esta conmemoración, fortalecen y revitalizan cada año la decisión de vencer las indiferencias culturales y sociales, y posicionan a la mujer en un ascendente protagonismo que ha demostrado su valor, haciéndola cada vez más respetable en sus propiedades genéricas, al alcanzar derechos y lugares antes sólo exclusivos de los hombres vinculados al poder, ya que tanto hombres como mujeres, ante el dominio avasallador de los que arbitran la suerte del planeta, sufren y han sufrido, después de todo, los mismos sinsabores y pesares que la historia social conoce.

Para nosotros, los escritores de la filial Ñuble, este día no podía pasar inadvertido, ya que desde nuestras disciplinas, también abogamos y trabajamos para hacer de la humanidad un lugar más agradable y decente; también al construir literatura, pensamos, como todas ustedes, que hemos de soñar mundos mejores y diferentes; y no ser, en cambio, unos seres sometidos, pasivos, irreactivos ante la realidad y reproductores tradicionales de un tiempo en declinación; cuando hay un pasado que acusa desde sus oscuridades aquellas asimetrías que clasifican y jerarquizan injustamente a los seres humanos.

No queremos ser, como hubo de decir Ortega, aquel ser para la muerte; ni tampoco ese lóbrego mamífero que sólo se diferencia de las demás especies, porque ocupa la costumbre de peinarse cada mañana, que es lo que nos recuerda César Vallejo; o ese animal metafísico cargado de congojas, como expresara Vicente Huidobro.

Por lo que entonces, cobra equivalencia el lugar que, tanto poetas, como escritores, mujeres, madres y trabajadoras de este mundo, nos empeñamos en construir con proporcional  fertilidad, para que cada ser humano, al fin, sea el reflejo de su inteligencia, el administrador de su  libertad y el artífice colectivo de una sociedad fraterna y humanizada.

La historia de la mujer en el mundo, queridos amigos y amigas, cuenta en cada área de la existencia y sus dinámicas históricas, con un caudaloso registro de nombres heroicos que han proclamado sentimientos universales que no pueden dejar de identificarnos al  pensar el destino de la humanidad. Podrán llamarse Ana Frank, o Malala Yousafzai, la niña heroína paquistaní y Premio Nobel de la Paz; obedecerán sus vidas a los nombres de Rosalía de Castro allá en la negra sombra existencial de su suelo gallego, o de Emilia Pardo Bazán, la célebre naturalista y luchadora valiente por la defensa de los derechos de la mujer; les habrán apuntado los escribanos, o las perpetuarán los registros civiles como Safo o Frida Kalho; como Dolores Ibarruri, o Rigoberta Menchú, como Violeta Parra o Francisca Linconao, como Gabriela Mistral o Indira Gahndi, o como tantas otras y muchas más como éstas, y sin diferencias, más que la diversidad de sus luchas, han hecho en cada tiempo, la síntesis de las propiedades más ponderadas que pueda ambicionar nuestra especie. Las habrá sacudido el horror, como las abuelas de Plaza de Mayo, o las viudas de Calama; o el brumoso instante en la noche del Río Ñuble sobre el puente El Ala, a donde cada año frente al misterio de las arenas avergonzadas, van aquellas mujeres a dejar el tributo de unas lágrimas para la amargura del mar. No obstante, sus dolientes fortalezas fueron y serán ejemplo de infinita esperanza y fe en el mundo que habrá de habitar el hijo del porvenir.

Amigas y amigos: Ser escritores, artistas, creadores de universos enjalbegados de belleza e inteligencia, no tendría sentido si no se comprende en ello también la presencia de la realidad; y concédannos cuidarnos de esas frases alambicadas, repetidas y descemantizadas, lugares comunes vacíos y cándidos, por los que reiríais con justa razón esbozando un gesto de desprecio complaciente a la comicidad y la idiocia pedante. Esto nos enseñó también una mujer poeta de chile: Gabriela Mistral, la que con su ternura y su delicado verbo nos regalara lo mejor de su espíritu; pero que con igual energía podía imponer severas verdades, aun transgrediendo la norma canónica de una institucionalidad no compartida. El poeta chileno Humberto Díaz- Casanueva, que fuera secretario y traductor de Gabriela, nos contó hace algunos años que debió acompañar a la poeta a una invitación que le había hecho el presidente de los Estados Unidos, Harry Truman, a visitar la Casa Blanca tras recibir el Premio Nobel de Literatura. Gabriela aceptó y hablaron; acabada  la conversación, el presidente la invitó a posar junto a él para tomar la fotografía protocolar. Gabriela Mistral desatendiendo acomodarse para aquel registro fotográfico, y prosiguiendo con su voz altiva, le dijo de frente: Señor presidente Truman! Por qué usted tiene ahí en Santo Domingo a un dictador que se llama Rafael Trujillo,  que está matando a mis indiecitos de hambre, pobreza y desamparo! El presidente, le  insiste que sonría para tomarse la fotografía, mientras Diaz-Casanueza le iba traduciendo. El fotógrafo disparó una y otra vez esperando aquella sonrisa diplomática que los periódicos utilizarían para contar de un agradable encuentro y las supuestas alabanzas a Truman. Ella seguía hablando: Contésteme, señor presidente Truman; por qué puede deshumanizarse tanto este país que está gobernando usted! Ese es el temple de nuestras mujeres; esa es su amplia maternidad y es esa la actitud que honra a un género que hemos juzgado inferior desde los remotos tiempos de la historia humana. Cuando la poesía y la verdad se encuentran para acompañarse, sólo entonces podremos decir que la belleza está consumada. Y así también, cuando un hombre común traduce y habla, como en el caso de Díaz-Casanueva, a un presidente por boca de una mujer, podremos entender el vínculo simbiótico que nunca debió distanciarse entre nosotros.

Esta noche, amigas y amigos, la Sociedad de Escritores de Chile, filial Ñuble, destacará en honor del día 8 de marzo, a dos mujeres que sintetizan esos valores; Marina Latorre Uribe, Escritora, y Pamela Varela, Cineasta. La extensa y variada obra de Marina, cruza parte del Siglo XX y se extiende hasta hoy, dejando un troquelado superior e imperecedero, relacionado con las batallas más consecuentes de su género y la siembra de una obra artística y ética que pocas mujeres lucen con tanta consistencia. Marina Latorre simboliza un decisivo protagonismo en la historia social y cultural de Chile, desde su vida juvenil y sus primeras publicaciones, abarcando los más atrevidos cambios a las maneras conservadoras de su tiempo. Su casa grande y generosa,  fue entre otras noticias, escenario de encuentros con lo más respetable de la intelectualidad nacional; fue lugar de visitas como las de Pablo Neruda, Francisco Coloane, Nicanor Parra, Juvencio Valle y muchos otros; pero a la vez el sitio elegido donde la memorable editorial Quimantú,  publicó obras clásicas que por el valor de algo así como un copa de vino, pudieron leer por primera vez en Chile los obreros de las fábricas,  los jornaleros de los campos, o las  mujeres humildes que hasta hoy cuentan con Marina en la defensa de sus derechos, desde numerosas organizaciones a las que ha dado vida,  como es SECH Mujer, movimiento femenino que se extiende por todo el territorio nacional, abarcando a la vez otros espacios y personalidades de la cultura mundial. Y vaya su firmeza! Su nombre, más que un nombre es un acierto simbólico. Ya lo observaba Francisco Coloane cuando al conocerla y saber cómo se llamaba esa joven impetuosa llena de proyectos, que también llevaba en sus venas la sangre de Mariano Latorre, le dijo: Marina Latorre Uribe ¿Sabías que la Marina de Chile tuvo un almirante Latorre y un destructor Uribe? Marina tiene efectivamente la fuerza impetuosa del mar, la capacidad de conducir expediciones que desafían a las tempestades y la fortaleza que puede vencer los más duros obstáculos; y todo inspirado por el amor; amor a su gente, a su tierra, a la poesía, a la humanidad.

En otra dimensión del universo cultural y artístico, marcada por el oleaje de la historia y sus causas, equidistante de su raíz y el mundo, comparte este sitial de honor el nombre de Pamela Varela, quien en su trabajo constante de cineasta, ha hecho y hace una contribución  responsable en la que inscribe sus humanas preocupaciones, su talento noble y sus sueños, y así entrega para la cultura universal la fina elaboración de su propuesta cinematográfica, en la asociación vital que hermana a la hija de la diáspora con los pesares y esperanzas que circundan y habitan los más esenciales espacios de la vida. Su búsqueda inteligente de la misteriosa identidad que constituye a los seres y a las sociedades, tienen en ella a una incansable buscadora de verdades supremas, que en sus obras llevan el sublime mensaje de la poesía y la inteligente fantasía con que representa imperativas realidades. Conocerla ha sido en estos años, como a Marina Latorre, también un mágico regalo conque el destino suele premiar a los hombres. Ambas, Marina y Pamela, hoy concentran selectas propiedades, en las que los aquí presentes verán representadas, en la dimensión de las artes, el ideal de mujer que los días pretéritos intentaron anular. Vaya para ambas el reconocimiento sincero de la Sociedad de Escritores de Chile, Filial Ñuble, en el Día Internacional de la Mujer.