Carmen Berenguer: “el feminismo fue muy criticado, nadie quería decirse feminista”.

La destacada escritora habla sobre el Congreso Internacional de Literatura Femenina de 1987 y el próximo AFEST que se realizará en Nueva York para reivindicar ese encuentro.

 

Marzo, 2017. – Desde este 27 de marzo al próximo uno de abril se realizará el AFEST “Encuentro de Escritores Latinoamericanos en Nueva York”, y que contará con una importante presencia de artistas nacionales, como Carmen Berenguer, la sobresaliente escritora chilena, quien aprovechó de comentar este importante evento y de recordar el Congreso Internacional Feminista, que ayudó a organizar en 1987, en plena dictadura.

En la delegación que se hará presente en Norteamérica, a partir del último lunes de marzo, también se encuentran las escritoras Lina Meruane, Graciela Huinao, Soledad Fariña, Nona Fernández, Nadia Prado, Gladys González, Alejandra Castillo, además del escritor Carlos Labbé. El evento cuenta con el apoyo de unas universidades y, en el caso de Chile, de la Dirección de Asuntos Culturales (DIRAC).

Además, cuenta con artistas invitadas desde Bolivia, México, Argentina, Venezuela y Perú, como la destacada poeta Carmen Ollé. Consultada sobre el tema, Berenguer lo compara con el Congreso Internacional de Literatura Femenina de 1987. “Vivíamos en medio de una gran represión: étnica, mujer, y contracultura. Fue un gran desafío, que se hizo pensando en que nos largamos en esto nomás, y lo llevamos a cabo. Si no hubieran estado todas las personas que estaban ahí, que eran como doce o trece, no habría resultado”, recordó.

“A diferencia del AFEST, que lo organiza una sola persona, esto (el Congreso) era colectivo. Había distintas formas, la mujer no es una sola. Hay distintos colores, países, clases sociales. Una obrera no piensa lo mismo que una persona que está en la academia. Hay mundos distintos, y cada mundo habla su lenguaje. No existía un discurso lésbico. Teníamos el discurso de la Julieta Kirkwood, que escribió un texto muy importante: ‘Ser mujer en Chile: las feministas y los partidos’, (1982). De ahí viene el feminismo que está ocurriendo hoy”, agregó la escritora.

El AFEST “lo articuló la escritora chilena Mónica Ríos, como homenaje a los 30 años del Congreso, a quien se unieron otras artistas. Ella hace una vuelta de tuerca y lo hace con escritoras, no con académicos. Las escritoras son las que tienen que pensar esto, porque son las que escriben. Acá es la escritura a la que hay que darle vuelta. Escritura y no la literatura. Ese es el punto”, afirma Berenguer.

Un congreso feminista en plena dictadura

Respecto al encuentro de 1987, Berenguer detalló que “ocurrió hace 30 años atrás, en una época muy fuerte. Dentro de ese estado de excepción – persecuciones, asesinatos, desapariciones – en la SECH había un grupo de mujeres, como Pía Barros, Teresa Calderón, con las que empezamos a pensar en la mujer. Se me ocurrió hacer un Congreso. Llega de fuera Liliana Ortega, que es una académica y me dice: tienes que hablar con Diamela Eltit. Y fuimos a hablar con el otro sector, con Diamela Eltit, un sector más conceptual, experimental, donde también estaba Nelly Richards, que le habían dado una vuelta de tuerca al tema de la mujer. Partió con un seminario de análisis, que termina armando el congreso. Yo entonces era Directora de la SECH y todas las reuniones se hacían en el directorio. Un año entero de seminario nos sentamos ahí, en la mesa del directorio. Porque teníamos que entrar a pensar de qué estábamos hablando”.

“Las poetas no estábamos en un plano académico. Diamela Eltit no era académica, pero era profesora. Nelly Richards siempre poniendo el punto de cuestión en la academia. Era un conglomerado de mujeres distintas. Y después llegaron un grupo de mujeres que venían del exilio, como Soledad Bianchi, Kemy Oyarzún, Raquel Olea, que fueron un verdadero aporte. Eugenia Britto era la más académica… De pronto se pensó en hacer internacional, porque serían las inscripciones las que nos ayudaría a llevar a cabo este congreso. No teníamos ni un veinte. Se hizo con puras redes que teníamos. En las monjas en Crescente Errázuriz (Segundo Monasterio de la Visitación de Santa María, Ñuñoa), en estos centros de ejercicios espirituales, ahí lo hicimos. Omar Lara nos prestó ayuda con su revista (Trilce). Hubo gente muy generosa, hombres muy generosos. Humberto Díaz Casanueva también apoyó”, rememoró.

Sin embargo, “el feminismo fue muy criticado. Nadie quería decirse feminista. Les daba vergüenza a las mujeres, incluso. Decirse feminista fue muy ‘académico’. Se encerró mucho en el gueto académico. Muy textual, muy literario, pero de mucha reflexión. Muchas cosas que aprendí las aprendí ahí. Se publicó un libro: ‘Escribir en los bordes’ (Editorial Cuarto Propio, 1990). Es un libro que en América Latina se lo pelean. Hubo otro Congreso antes de Puerto Rico, que sacaron un libro llamado: ‘La sartén por el mango´, muy bueno…; ese fue nuestro piso, hagamos uno acá, dijimos. Y lo hicimos. De ahí no se hizo más nada. Hasta hoy”, explicó la cronista y organizadora del encuentro.

Entre los efectos del Congreso estuvo el que “se constituyó una crítica feminista literaria que no existía”. (…) Nadie leía bien este asunto, en ese entonces feminista, después le pusieron género. (…) La Morada fue otro espacio fundamental en esa época, donde estaban Margarita Pisano y Julieta Kirwood. Ese era un centro de muchas mujeres, todas de oposición. Estaban las Mujeres por la vida, artistas…, había distintos grupos. Yo hice talleres. Fue importante. Después desapareció todo. Llegó nuestra maravillosa democracia y se fue todo a las pailas, porque se institucionalizó el tema de la mujer, y esto otro fue quedando abandonado (…) El tema de la mujer ha sido así, a intervalos, es como el barroco, que aparece cada cierto tiempo. Algo quedó. Y se está gestando de nuevo”, concluye.

La poeta Carmen Berenguer en su estudio.


Carmen Berenguer, vicepresidenta de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH) es poeta, cronista y artista visual. Dio a conocer su trabajo creativo en los años ochenta. Su propuesta conjuga opinión política, crítica cultural y reflexión sobre el lenguaje, cuyas texturas orales y escritas, la autora explora a la luz de una estética altamente provocadora. Su proyecto poético manifiesta un compromiso social profundo, que la lleva a desarrollar temas como la ciudad y sus problemáticas, con especial énfasis en aquellas vinculadas a la política y el mercado, al género femenino y a los signos que establecen nexos entre el cuerpo y la lengua. Todo esto, sumado a una osada apuesta por la mezcla de géneros literarios, conforma los ejes de una obra sugerente, de gran espesor simbólico y cultural.