A Fuego Eterno Condenados

Hace algunas semanas se presentó en la Casa “0”  de calle Lastarria la novela “A fuego eterno condenados” del escritor Roberto Rivera Vicencio, cuya primera edición apareció en 1994 bajo el sello de Balandro Editores, dirigida en esos momentos por el poeta y actor Pedro Vicuña. Hoy en un segundo aire es reeditada por el Fondo de Cultura Económica, y presentada por el cineasta Miguel Littin y por el ya mencionado Pedro Vicuña.

A continuación reproducimos el excelente y asertivo texto de Miguel Littin para la ocasión.

Las formas del absurdo, el humor mordaz, el grotesco, la desmesura, la tragicomedia en suma, han sido utilizadas por el arte y la literatura a lo largo de la historia con el propósito de describir en profundidad las características que definen su devenir existencial.

En efecto, Ya Fracoise Rabelais en el 1500 nos cuenta que para alimentar a Gargantua el día de su nacimiento, fueron necesarios alrededor 1500 novillos… decenas de aves de corral cientos de corderos y otros alimentos y bebidas… y aun así su apetito voraz, reflejo de la época, no se saciaba.

Es decir que para narrar la realidad profunda de la época Rabelais elegía la exageración y la desmesura, estilo literario que nos permite hasta hoy, pasados varios siglos acercarnos a través del prototipo a la realidad y significado del pasado como si esta ocurriese en el presente.

De esta manera Roberto Rivera a través de los trazos de una escritura plena de contrastes, sueños y figuraciones nos traslada a las entrañas subconscientes de la dictadura militar del 73.

En efecto Nicomedes, cantor popular de tangos y boleros, llamado así quizás en homenaje a otro Nicomedes Guzmán el que escribió con SANGRE Y ESPERANZA, la crónica social de Santiago en la década del treinta, resucita en el albor del fuego de las primeras fogatas que daban inicio a la rebelión popular que terminarían con la pesadilla que vivió Chile durante 17 largos años de dictadura.

Cito un párrafo de A FUEGO ETERNO CONDENADOS

“De donde viene cayendo Ud., Nicomedes? – Vuelve a insistir… de la muerte señora, o del infierno si Ud. quiere. Me acuerdo que me fusilaron… pero no fue aquí… no vaya a creer que estoy loco. Fue en otra ciudad, igual a esta pero despoblada y me perdí en páramos… anduve… vaya a saber Ud. donde estuve hasta que resucité, resucité no más, ahora en la mañana… y estoy tan contento señora… viera Ud. la luz de las llamas, se iluminó todo y salí a caminar, a mirar bien todo porque voy a cantar de nuevo…” FIN DE LA CITA.

La muerte es el olvido? El olvido es, sin embargo, la continuación inconsciente de la memoria? La muerte es la fragmentación de la memoria colectiva la que mal o bien conforma la historia de los pueblos? Que es la vida ¿cómo podría preguntarse Calderón de la Barca, citado más de una vez por Roberto Rivera en su novela / Una ilusión, una pesadilla?

La realidad de los sueños no están determinados por la voluntad, en cambio lo que llamamos realidad consciente si. En cual de los dos mundos incursiona la verdad?

Diría que “A Fuego Eterno Condenados “cabalga en medio del abismo de estas dos realidades innegables.

Creo que Chile vivió su más grande encrucijada histórica en el tiempo signado por el fin de la dictadura y el inicio de una posible democracia, en ese abismo fantasmal transcurre la resurrección y la muerte de sus personajes, así como nuestras vidas transcurrieron en esas tinieblas abismales, llenas de ilusiones, donde sin embargo se tranzó en nuestro nombre el destino de una sociedad que termino estructurada en un orden vertical similar a la contra reforma y en definitiva a la oscuridad del medioevo.

Si Lampedusa en el Gato Pardo afirma que todo debe cambiar para que todo siga igual, Roberto Rivera nos dice que todo lo engendrado en dictadura se desarrolló y creció en el proyecto frustrado de una democracia pactada en los mercado globales, que consumó finalmente una dependencia cruel y poderosa ya que no solo atraparon el cuerpo si no el alma, dejándonos como individuos y como nación a merced de Minotauros bancarios, consorcios, AFP y un largo etc., dependencia legitimada como democrática en el proceso más atroz y perverso aún que la descrita por Kafka en su admirable novela.

Leyendo A Fuego Eterno Condenados, escuché las voces de Valle Inclán, divisé constantemente los esperpentos de Goya, las visiones mitológicas del Bosco, los absurdos volúmenes de Ionesco, encontré al Rinoceronte con gorra y charreteras y la Sargento Calva cantando condecorada en las guerras Chilenas, marchando al compás de músicas y de himnos,”cantemos las Gloria… de Arica a Magallanes, EL TRIUNFO MARCIAL…, SERENA LA FRENTE…, VECER O MORIR…, desfiles de pechos inflamados y altaneros pasos de ganso, celebraciones de guerras contra Perú Bolivia, Arauco, contra su propio pueblo, celebrando masacres y muertes interminables despojos y saqueos así como también el sonido arrastrado de las patas grotescas del Patriarca convertido en gallinazo eterno de Gabriel García Márquez en el otoño del Patriarca, resucitando, ahora, en la trampa grotesca de falsas boletas de ideologías falsas, lapidas mortuorias de los anhelos de la República traicionada: Míster North y Soquimich resucitados.

Si la novela de Roberto me condujo al infierno y al fuego doloroso del recuerdo, sus páginas también me develaron la luz fugaz de la alborada de barricadas y protestas populares.

Escritura comprometida con el dolor marginal de los olvidados, de quienes fueron el soporte de la resistencia a la dictadura, nos recuerda que esta no cayó por la supuesta hazaña de astutos publicistas o gestiones en el departamento de Estado. Si no que fue con el dolor y la sangre de cientos y miles de desaparecidos, muchos de los cuales aún permanecen en los siniestros extramuros del olvido.

Esta es amigas y amigos la dimensión de nuestra tragicomedia como la entendió en su tiempo Sócrates quien al igual que Nicomedes, beberá la cicuta para que su voz permaneciera como una llamada de alerta en la conciencia humana.

Dije Tragicomedia porque en ” A Fuego Eterno condenados ” resuenan en las voces populares, en los aires de las calles, el humor presente en el habla de un pueblo rico en expresiones, en dichos, dimes y diretes, en visiones a veces hilarantes en contrastes dramáticos con las imágenes del dolor y la pesadilla ; humor por tanto que deviene en imágenes metafóricas del poder y la represión.

Acaso no es “El asno de Oro “de Apuleyo la imagen metafórica más poderosa que nos traslada lo absurdo del poder en la Roma Imperial.

Hombre trasplantado en asno; asno hombre, asno esclavo, hombre que devine en esclavo liberado. Espartaco no surge, es la suma de destinos en el enorme misterio de la casualidad de la historia humana.

“A Fuego Eterno Condenados” novela la realidad, dándole otra dimensión, subvirtiéndola en el lenguaje, en forma y contenido, erigiendo en metáfora trascendente la información puntual, configurando el tiempo y el espacio en momento histórico,insoslayable,¿Acaso no es este el papel del arte y el rol del artista, escritor ciudadano ?. Esculpir en la piedra con trazos desmesurados las vidas y la muertes las resurrecciones, las respiraciones de los pueblos, los que según Neruda en dialogo con Bolívar en el Canto General afirma que el libertador volverá en cien años cuando despierta el pueblo.

Estas son, dichas a mi manera, las texturas literarias de esta estremecedora novela, quien así como su personaje Nicomedes resucita hoy frente a nosotros en cuidada edición del Fondo de Cultura Económica, con ecos lejanos de tangos entonados entre barricadas de rebeldía, humo y fuego, cenizas desde donde, a pesar de traiciones y olvidos se levantará nuevamente la alborada de la utopía humana.

 

Miguel Littin
18 Agosto 2017.